John Newman rebosa energía en su 24 cumpleaños en Barcelona

Este es el segundo año que se celebra el Festival de Pedralbes, una serie de conciertos en un emplazamiento de lo más pijins: unos bellos jardines que alojan unas terrazas de verano de lo más cool alrededor de fuentes ideales rodeadas de flores y verde, mucho verde, que conducen a un escenario que deja un poco bastante que desear.

En este contexto tuvieron lugar el pasado martes 16 de junio dos conciertos de lo más dispares. Joan Dausà, en acústico, al frente de un piano de cola y sin sus “Tipus d’Interès”, tenía que empezar su función de telonero de John Newman a las 20:30, pero vista la escasa afluencia para la actuación del compositor local, empezó 15 minutos más tarde, tras tomarse una cervecita a precio impopular con unos amigos. Joan no esperaba tener demasiado público, y mucho menos que éste conociera sus piezas musicales, por lo que aprovechó para hacer de este desconocimiento el tema central de las bromas que sirvieron de hilo conductor de su concierto. En 40 minutos desgranó los temas más representativos de su discografía, destacando la banda sonora de Barcelona Nit d’Estiu, por la que ganó un Premio Gaudí y una vuelta nostálgica a los temas de su disco debut Jo Mai Mai, que sí conocían un par de fans acérrimas (seguramente las dos únicas no amigas o conocidas del cantante que se hallaban en el lugar). Al final de su actuación, Joan recibió algunos aplausos, los esperables a tenor de las 50 personas a lo sumo que habían hecho una parada en el camino antes de dirigirse al escenario principal.

Pasados unos minutos de las 22h, y sin lluvia a la vista, empezaba a sonar la voz pregrabada de Tribute, que lista todos aquellos artistas que han inspirado el LP debut del británico John Newman, mezclados con tintes de hip-hop, house y música orquestal. La noche del lunes era noche de fiesta, pues John celebraba su 24 cumpleaños. Eufórico, a la vez que cercano, John agradeció con alegría sincera el “Happy Birthday” que le regaló el público (de mediana edad en su mayoría, y que no llenó) y les devolvió la felicitación con una celebración de su propia música, combinada con bailes de esos que volvían locos a los jóvenes de los 1950s (John no escogió la chaqueta blanca con listas y los calcetines blancos con mocasines negros al tuntún), bailes que se contagiaron entre el público, coreando canciones como “Cheating” (irónico, ¡eh!) y “Try”. Si sigue en este estilo, y quiere ofrecer algo distinto (que no nuevo), quizás tendría que explotar esta vena bailonga en espectáculos de mayor envergadura. Y lanzo este dardo porque la voz de John Newman, rasposa y única, tiene unos límites que le impedirán convertirse en the next best crooner a menos que se esfuerce. Mucho. Ahí lo dejo. No obstante, los momentos de las canciones más reposadas (“Down The Line”, “Easy”) se disfrutaron de igual manera e hicieron que el público pudiera ver que John Newman es más que el par de singles bailables que suenan en la radio comercial de turno sin llegar al exceso de dulzonería ni a convertirse en ídolo de adolescentes.

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El concierto de John Newman tuvo lugar en un marco incomparable, pero con un sonido bastante deplorable, al menos en la tribuna superior, en que los agudos quedaban ahogados (aunque John Newman tampoco es que tenga unos agudos de lo más), y en que las coristas sonaban secas, burdas, en combinación con la música. El escenario, simple (tampoco hacía falta nada del otro jueves), pero las luces dejaban un tanto que desear, pues eran al más puro estilo Tocata (todo vuelve) y dejaban a oscuras a los músicos la mayor parte del tiempo.

Para terminar la noche, “Not Giving In”, interrumpida por un fallo técnico con el sonido y que hizo pensar al público, considerado con el contratiempo, que se quedaría sin la mítica “Love Me Again”. Pero no fue así. Los barceloneses y visitantes varios pudieron gozar no solo de una gran interpretación del exitazo de Newman sino que también pudieron tenerlo a escasos metros con esa inesperada incursión entre el público que el culo inquieto de Newman regaló, de nuevo, a los asistentes. Y otro punto más que positivo para John, el aplauso que él mismo dedicó al público durante un buen minuto, con autógrafos y fotos ocasionales incluídas. Un regalazo de noche de verano que espero que John Newman recuerde en sus próximos cumpleaños, si puede ser, aún sobre un escenario.

Galería de imágenes.

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