Estrenos estudiados caídos del cielo

Goddess Flo did it again. Y ya van tres, tras “What Kind of Man” y “St Jude“, esta semana nos encontramos de la noche a la mañana con una nueva canción, “Ship To Wreck, del que va a ser el tercer álbum de una de mis cantantes favoritas actualmente: Florence Welch, como Florence and The Machine, y su How Big, How Blue, How Beautiful. Un estreno que, a día de hoy, me desconcierta aunque entiendo hasta cierto punto (y a eso voy), pues se hizo a través de un vídeo con una imagen estática para luego anunciar que hoy, justo antes de su actuación en Coachella, se proyectará el videoclip del mismo tema como estreno oficial.

Pero el interés de esta entrada no es “Ship To Wreck“, que no está mal pero tampoco mata, sino el estreno en sí y el mini-debate que originó entre Mané López (@_manelopez) aka Gustos Distintos y aquí la menda. Un debate que no versaba sobre este estreno únicamente, sino sobre esta moda relativamente reciente de ir sacando singles en cuentagotas meses antes del lanzamiento del disco de facto y sobre las posibles razones (pinchad sobre la foto para leer los contenidos, si gustáis).

Poca feina tenemos algunos…

Una que ya empieza a tener canas y no se las tiñe, empezó a darle vueltas al tema y ha decidido escribir aquí lo presente, basándose en el pasado (¡Juas!):

El hecho es que con excepciones contadas, léase el álbum de vídeos + canciones de Queen Beyoncé sin teaser alguno y el te-enchufo-mi-álbum-en-tu-inbox-de-iTunes-aunque-no-me-lo-hayas-pedido de U2 (olé por los estrategas de marketing de ambos), últimamente andamos encontrando que se anuncian las fechas oficiales de los lanzamientos de ciertos álbumes pero cuando llega el estreno propiamente dicho, es como si ya te supieras de qué va la cosa. Factor sorpresa gone. Excepción a la regla, que siempre la hay: el caso de Tame Impala (entrada coming soon), que afirman no tener ni pajolera idea de la fecha de lanzamiento (o eso dicen) aunque ya llevamos dos temas de teaser:Let It Happen” y “Cause I’m A Man“.

He encontrado una razón que creo que es la principal por lo que esto es así, dirigida única y exclusivamente al beneficio del autor y de todo el equipo de detrás (que son los que cortan el bacalao y se llevan la pasta, básicamente), y otra secundaria, que vendría a ser el beneficio añadido para el consumidor, todo ello regulado por el motor que mueve nuestras vidas y de las que parece que dependa nuestra existencia: Internet.

Como decía en nuestro mini-debate (vid. supra), en mis años mozos, es decir, esos años en que te esperabas delante de la radio para grabar con cinta de cassette esa canción que te molaba tanto y rezabas para que el locutor se callara la santa boca hasta terminar, este rollo funcionaba de manera distinta. Sí, me refiero a esa época en que esperabas pacientemente a que sonara esa canción que tanto te gustaba, lápiz y papel en mano para intentar descifrar el nombre del artista y/o de la canción pronunciados con ese inglés de Burgos de nuestros locutores castizos. Entonces, uno se enteraba de los estrenos a través de los periódicos o revistas especializadas (que yo particularmente no leía) y, por supuesto, a través de la radio, donde sonaba el tema durante unos días y luego, una vez te habías acostumbrado a esa canción (esa, una sola), salía el álbum en cuestión que, si era de uno de tus artistas favoritos, comprabas con los ojos cerrados, con la consiguiente celebración o decepción tras escucharlo por completo ya en casa.

En cambio, ahora, antes de sacar el álbum, ya tienes entrevistas corriendo por Internet, vídeos teaser (Brandon Flowers se lleva la palma últimamente, que alguien lo pare, ¡por favor!), fotos del art cover, stills de vídeos, making ofs de no se sabe bien bien qué, opciones mil de pre-order (¡hay que ver, menudo lío!) y what not de los temas por separado y álbumes as a whole, bastantes meses antes de salir a la venta. El summum del summum: la interacción con los propios fans que se marcaron esta semana Hoosiers en su newsletter, negociando con ellos el lanzamiento de su cuarto álbum, previo funding de parte de los mismos, con más opciones de combinación que los bikinis del Calzedonia.

Si te lo has terminado de leer y has sacado algo en claro, te mereces un premio.
Si te lo has terminado de leer y has sacado algo en claro, te mereces un premio.

Como bien decía Mané, tanto estreno hace que pierdas esa ilusión, ese factor sorpresa que tenías antes. Ese factor sorpresa que algunos de nosotros buscamos comprando discos por la portada sin ni siquiera haber escuchado nada o por simple curiosidad, o porque te han hablado de ellos. ¡Hay que ponerle emoción al asunto! Que sí, que si te vas a un centro comercial, te lo dejan escuchar allí antes de comprarlo, pero da palo escucharlo allí de pie y mucho más apuro decirle luego al vendedor: “Pues mira, no me lo quedo”.

Pero tener estos adelantos favorece precisamente que hablen de ti. Que piensen en ti. Que te critiquen. Que te alaben. Que estés presente en las vidas de tus seguidores y detractores. Que empiecen a hacer cábalas sobre qué tendrá que ver el título del álbum y el conjunto. Que se planteen la conexión entre una canción y la otra y si casan en estilos. Que comparen las canciones y las escuchen. Que las comparen con tus trabajos anteriores y te pongan en un pedestal o te crucifiquen. Que escriban una entrada de blog sobre ti, como por ejemplo, esta. 1, 2, 3, responda otra vez: esta. Y el bonus, porque siempre lo hay, es que además, muchos de estos grupos maestros del teaser musical están ahora de gira, y si quieren incluir en su setlist canciones del nuevo álbum (porque si no, irían con el mismo show que hace unos años y sería bastante decepcionante, por no decir penoso), el público las conocerá y reaccionará a ellas en vivo. Pues no nos engañemos, escuchar una canción por primera vez, requiere un esfuerzo, y si es en vivo, el esfuerzo es doble, pues el intérprete es más que probable que se encuentre con un público un tanto lost in space ante el nuevo input que le están presentando, como me pasó a mí en el pre-estreno de “El primer arbre del bosc” de Blaumut, que luego disfruté como nunca en L’Auditori dos semanas después tras haber comprado el disco y haberme aprendido las letras, claro está.

Dicho esto, me despido dándole gracias a quien sea que dirija la carrera de Flo, por propiciarme de aquí a unas horitas otro momento como el del estreno de “What Kind of Man” en el que poder vivir simultáneamente y compartir impresiones de un estreno, y como decía, ya van tres, con alguien que vive a 1000 kilómetros de mi casa, madrugón incluído. Nanit!

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