Pongamos que Maribel habla de Andrés

Maribel es una apasionada de la música. Le viene de familia. Le encanta cantar en coros, aunque haga siglos que no lo haga; tiene todo el solfeo y dos cursos de armonía, toca la flauta travesera y pudo haberse dedicado profesionalmente a ello. De hecho, su profe de flauta la quería enviar a Madrid y luego “a Europa” para que se convirtiera en una flautista de renombre, pero a ella le molaba ser profe de inglés instead. Así pues, dejó colgada la flauta en 4º curso tras un periodo claro de mobbing de parte del profesor. Estaba a solo dos años de terminar la carrera básica. Por eso se arrepiente de haber colgado los hábitos, aunque no en el terreno profesional.

Con conocimientos de historia de la música, aunque la “clásica” no sea su género favorito, ya de pequeña, Maribel empieza a interesarse por el rock y el pop de los 60 y 70, por culpa de – o gracias a – su padre y por lo más popero, discotequero y R&Bero de los 70 y 80 por su madre. Su tío también la guió por el mundo de la electrónica de los 80. En un momento dado, Maribel toma las riendas de su gusto musical remontándose a los 80 hasta la actualidad, época en que le faltan horas para consumir todo el producto que le interesa y que está disponible en la red. Producto que, por cierto, ha encontrado con quien compartir opiniones y ampliar conocimientos gracias a Internet. Alabada sea Internet. A través de la red, Maribel empieza a tomar referentes, a establecer conexiones, a aprender biografías de músicos, influencias… También empieza a interesarse por los shows en directo, donde realmente puede apreciar si un artista es lo que realmente vende en sus discos, y escribe crónicas, que parece que gustan hasta a los mismos artistas (o como mínimo, a sus management). Son muy personales, y con coñas aquí y allá, pero también muy bitchy en ocasiones. Maribel es así. La delgada línea entre el sarcasmo y el heartfeltilismo. O lo passive-aggressive, que también se le da bien.

Es también a través de internet que Maribel descubre un buen día a Andrés. Andrés es un bohemio extremadamente interesante, inteligentísimo y con un charm intelectual que lo flipas. Maribel se queda prendada instantáneamente de su nerdiness, de su talento y de su cerebro. Y es que Maribel no ha sido nunca una fangirl, aunque parte de su pasado sean los BSB. Es más, Maribel es megacrítica con todos sus “admirados”. Aun gustándole BSB, Maribel recuerda que se aburrió como una ostra en el primero de sus conciertos, aunque les dio una segunda oportunidad en el tour siguiente, de lo que se alegra. Y es que nadie es perfecto y ya lo decía Roger Sanchez, todo el mundo necesita “another chance in life.

Maribel, pues, tiene ojo crítico. No tiene formación académica del music biz, pero le sobra visión global y criterio. Mucho ojo tiene Maribel. Así pues, cuando Maribel asiste al primer concierto de Andrés, le envía una crítica objetiva. Y cuando decimos crítica, decimos crítica. No un for or against, sino un for and against.  50-50, para hacerlo equilibrado. Y Andrés reacciona a ello. Maribel le seguirá enviando correos a Andrés en ocasiones con críticas mordaces a su trabajo. Maribel tardará en leer las respuestas de Andrés, porque a veces piensa “Aquí te has pasado, Maribel”, pero Andrés parece tomárselo bien, en ocasiones se justifica por las patinadas, y lo más importante, sigue escribiéndole.

Maribel sigue de cerca la carrera de Andrés y se involucra hasta tal punto que llega a doler. En el cerebro y en el corazón. Porque Maribel es muy apasionada en todo lo que quiere hacer bien. Se desvive. Ella es así. Tanto es así, que llegó un punto en que Maribel no podía escuchar temas de Andrés, pues hacerlo le dolía hasta morir.

Maribel es una apasionada de la música pero también de aprender. Le encanta aprender. Es un culo inquieto. Siempre quiere saber más, y más, y más. Y sabe que no sabe nada, pero precisamente por eso se maravilla cuando aprende la más mínima chorrada. Así pues, Maribel se lanza a adquirir un conocimiento enciclopédico de Andrés, cosa que le proporciona un ojo aún más crítico – si cabe – de él. Un ojo crítico que la lleva a escribir una noche de agosto un informe de seis páginas sobre la carrera de Andrés, motivada por una cena surrealista con conversación aún más surrealista. Ni corta ni perezosa, Maribel envía ese informe a Andrés, dirigido a un muy allegado suyo. Tal informe les lleva a decir que están impresionados e intrigados con Maribel y que deberían contratarla. Ello no llega a ocurrir nunca, pero Maribel empieza a pensar que quizás lo que piensa del music biz tampoco está tan desencaminado.

Maribel pasó un año muy j***do en el 2013-2014, año que la llevó a plantearse a abandonar Españistán y mudarse al extranjero. También se le pasó por la cabeza trampear el curso siguiente como pudiera y cursar un máster en Music Management o Gestión Cultural, para lo que parece tener cabeza; pero un amigo suyo en el biz le dice que ahora no es el momento, que la cosa está muy mal, y que él mismo se muda a Sicilia porque su promotora de espectáculos va de mal en peor. Por suerte, las cosas a Maribel le acaban yendo bien y deja aparcada la idea de irse del país, aunque le sigue molando el tema del music biz.

Por otra parte, Maribel es una chica que siempre le ha gustado pasar desapercibida. A menudo para mal. Siempre ha pensado que su trabajo luciría por sí solo, por lo que no hacía falta fardar de ello, y que tarde o temprano, alguien la descubriría. Mal, Maribel, vamos mal. “Te tienes que saber vender”, le dicen sus amigos. Y es que muchas veces le han pasado por delante buenos estrategas y publicistas del trabajo propio, mientras Maribel se ha dado de bruces contra la pared.

Y llegamos al día en que, tras siete meses de silencio, Maribel recibe un mail de Andrés pidiéndole un favor. Algo que puede llevar a otro algo. Maribel lo flipa. De todas las Maribeles del mundo a las que tienes acceso, ¿vienes a mí? “Mar(ibel), ¡qué nivel!”. Maribel se huele que por el interés, te quiero, Andrés. O lo que es lo mismo, “For the interest I love you, Andrew”.

superbritanico

Puede que antes Maribel fuera muy naif, pero cada vez lo es menos. Sobre todo en los últimos años. Ha aprendido a base de palos. Así pues, Maribel comparte con sus amigos al tanto de la cuestión (pocos, pero bien informados) la petición de Andrés, y le dicen: “Maribel, no seas tonta, véndete bien”. Así pues, Maribel empieza a marear la perdiz por correo con Andrés. Tonta no es. Quiere saber más del proyecto, a ver qué prenda suelta Andrés. Finalmente, se lo sonsaca, a lo que Maribel envía un brainstorming rápido que sorprende a Andrés. Ya lo dijimos: ¡qué nivel, Maribel! Pero Andrés sigue aquí por su interés. Al ver que seguir mareando perdices no llevará a ninguna parte, Maribel cede a lo que sabía ya desde un primer momento que quería Andrés. Y gratis.

Ese “lo” es de Maribel, que por algo tiene la versión original. Está por ver si Maribel saldrá siquiera en los agradecimientos del producto final, sea el que sea, pero quien lo tenga que saber, ya se encargará Maribel de que se entere.

Porque aquí hay nivel, Maribel.

Advertisements

5 thoughts on “Pongamos que Maribel habla de Andrés

  1. […] Y por si no había quedado claro… yo quiero ir a bailar con Pucho y Jorge González, el percusionista. Por supuesto, el resto de miembros de Vetusta Morla (David “el Indio”, Álvaro B. Baglietto, Guillermo Galván y Juanma Latorre) también serán bien recibidos; aquí no le hacemos feos a nadie. Una muy buena ocasión podría ser durante o tras el concierto en Málaga el 25/9. Yo lo dejo caer, como aquel que no quiere la cosa, que cosas más raras se han visto… […]

    Like

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s