Betty Belle y Miss Caffeina en una sala de serie B

Tras haber descubierto que estaban también en el cartel del Let’s Festival la banda Miss Caffeina (a cuyo álbum Detroit me enganché al instante por lo que tiene de poppy en contraste con sus trabajos anteriores), hice doblete y adquirí también la entrada para esa segunda sesión en la Sala Salamandra 2, cuya acústica parece un complot arquitectónico para herir de muerte hasta a Jean-Michel Jarre. Nunca mais.

Les hacían de teloneros a Miss Caffeina los catalanes Betty Belle, cuya música definen ellos mismos como “mapping musical que explora las texturas cálidas de la voz a través de sonoridades emitidas por máquinas e instrumentos.(…) La pasión del alma transmitida con la precisión de un artefacto”. Interesante… o no.

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Terror acústico aparte, es absolutamente cierto que el mundo es un pañuelo y que más vale siempre quedar bien que mal, que nunca sabes cuándo te vas a topar con quién y bla bla bla. Y es que, tras cinco minutos observando al miembro masculino del dúo, caí en la cuenta de que se trataba de Otger García aka Utgi, antiguo compañero mío de universidad. Catorce años han llovido ya. Utgi era (¿es?) un chico singular, de formación musical clásica que tocaba el órgano en una iglesia de Barna, que un buen día me hizo una mixtape en un de gusto exquisito y a quien el Requiem de Fauré le fascinaba porque es “un requiem feliz”. Cabría pensar que ese gusto exquisito sería también la marca de la casa de Betty Belle. Sería de esperar. Y aquí espero, in aeternum. Betty Belle ofreció al público unos 10 temas de su producción propia, inspirada también en temas iconos como, entre otros, “Mamy Blue” de Pop Tops cuya adaptación hubiera triunfado si no fuera porque los graves de la distorsión vocal añadida fueron tales (sumados al despropósito acústico de la sala de calibre temerario) que despertó un “¿Pero qué es esto?” de una de las asistentes. Y no fui yo. Palabra.

La interacción con el público, impasible hasta el tercer tema, no cuajó demasiado durante los tres primeros cuartos, debido probablemente a la disposición de la mesa de trabajo del dúo, en horizontal con el público, creando así una barrera más allá de lo físico. A esto, cabe añadirle el hecho de que en ocasiones, además de las risillas y  bromas internas entre el dúo de las que el público estaba excluido, los componentes estaban más pendientes de la única pantalla de ordenador central que de lo que realmente estaba pasando en la pista. Los momentos wtf culminarían con una distorsión suprema de “All That She Wants” de Ace of Base (con unas cuantas risas y otro “¿Qué es esto?”) y un Shaker con bailarinas ataviadas, como en el vídeo del mismo tema, a lo Jane Fonda que, junto a Tutu, la voz femenina del dúo, abandonaron el escenario para encontrarse con poca pista y menos baile. #intertextualidadpelínrandom

Betty Belle no suenan mal en álbum, tienen su punto cheesy-freak con estilo elegante y una respetable muestra del abanico melómano de los componentes del grupo. No obstante, les faltó ese punto de azúcar que hace que una simple cuajada se convierta en postre digno, ni que sea, de una Salamandra 2.

Y llegó el momento de Miss Caffeina, con la sala ya llena hasta arriba. El volumen del bajo de Antonio Poza y la guitarra de Sergio Sastre,  con una altura igual a la de los altocúmulos del espacio sideral (si es que los hay), deslució gran parte del tiempo los vocales de Alberto Jiménez. Ataviado con pantalones de vestir gris, zapatos de charol y calcetines rojos, Alberto tuvo que lidiar con problemas con los micrófonos durante los tres primeros temas y acoplamientos en los tres siguientes, eso sí, con aplomo y aguante. Los pads de Nacho, nuevo batería del grupo, tampoco corrieron mejor suerte. Atrocidades acústicas aparte, Miss Caffeina tuvieron una buena actuación en que repasaron tanto temas del álbum que presentaban como los antiguos. Abrieron el concierto con “Venimos” (wink wink), un tema de su segundo álbum, a la que siguió la epónima con el tercer álbum “Detroit“. Sin embargo, si fuera por el público, era difícil distinguir qué tema era más antiguo que el otro, pues todos los temas fueron coreados con precisión milimétrica, gracias a esos malditos adelantos que invaden las redes y matan cualquier atisbo de sorpresa en ocasiones. Hito digno de destacar, no obstante, si tenemos en cuenta que Detroit, ese “álbum-viaje al pasado, presente y futuro”, no lleva ni un mes en el mercado.

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Siempre es de agradecer que en un concierto te contextualicen las canciones, y así fue en este caso gracias a las palabras de Alberto, quien a pesar de su amnesia ocasional que le hace decir alguna que otra frase sin sentido (“tengo pérdidas de memoria porque hace un año que no venimos” (?!)). Se trata de una amnesia que se manifiesta también abiertamiente en vídeos como este (01:04). Sea como sea, Alberto Jiménez tuvo el detalle de contarnos el por qué de Detroit, la ausencia de límites creativos impuestos y los atrevimientos de mezclas de estilo incluso hasta con reggaeton, que confesó que no baila ni en la intimidad (sí, claro…). Nunca es fácil presentar tampoco temas en versiones deluxe, pero así fue en el caso de Barcelona, donde se atrevieron con “Pasajero“.

Uno de los momentos más destacables de la noche fue precisamente el estreno en el territorio de la composición de Álvaro Navarro (guitarra) con su “Ácido“. Y es que ¿quién no desea a estas alturas del año que llegue ya ese “verano del amor” con su “sol flipante para todos”, estación en que “vas a enseñarme un paso o dos”?

Tras un amago de final con “Lobos“, llegarían los bises con “Hielo T“, “Oh! Sana“, canción en que defienden que la religión nunca decida por nosotros y, cómo no, el colofón con la más comercialMira cómo vuelo” en que el recurso recurrente (¡toma aliteración!) de “toco las palmas para animar el cotarro” hizo la última aparición de la noche y dejó al público con ganas de más, excepto para los que aprovecharon para seguir la noche en la Salamandra 2. ¿El tema para despedirse emocionalmente de los Miss Caffeina y dar entrada a la noche de baile cortesía del DJ de la Salamandra 2? “La revolución sexual” de La casa azul, en que “el verano del amor” también hace una aparición. * sigh *

Galería de imágenes.

 

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