Florence + The Machine: una crónica oficiosa

Tras mi crónica oficial del concierto de la gira How Blue en Barcelona, que escribía la madrugada del domingo y que me servía de estreno como colaboradora para Indiescretos, no sin sus más y sus menos a esas horas (gracias, Adrián, por la maquetación me being at 650 km from you), me dispongo ahora a hacer algo así como un recap oficioso de los dos conciertos de Florence + The Machine en Barcelona y Madrid.

Dos, a mí me daban dos. Con Flo, por el momento, siempre dos. Dos conciertos en 2012, dos en 2015 y dos en 2016. La primera vez que la vi, tras una sobredosis conciertil de Gotye, me autoregalé un puente de diciembre en mi queridísimo UK con Florence + The Machine en The O2 de London, luego con Gary Barlow en Manchester y otra actuación de Flo & co. en el Jaguar Hall del Ricoh Arena de Coventry. Aquí se originó en cierto modo mi decepción respecto a Florence Welch en vivo a pesar de lo que me gusta(ba)n sus dos discos publicados hasta la fecha. Salvo una broma en referencia a la temática de la muerte en las letras de sus canciones, cosa que chocaba con la presencia en The O2 de su madre, la mujer que le había dado la vida, Florence Welch hizo exactamente lo mismo tanto en un sitio como en otro: mismos gestos, mismas bromas, mismos bailes, mismo set list, mismo todo, aun tratarse de dos recintos distintos, con un cambio considerable en el aforo (de 20.000 a 10.000 aprox.)  y, evidentemente, un ambiente distinto al ser, el primero, un pit + tiered seating con pantallas y un escenario de dimensiones considerables y, el otro, un pit all-standing con un escenario modesto y, por consiguiente, menor distancia con el público. Corría la época en que las Haim, teloneras de Florence + The Machine en su paso por UK, sonaban realmente a rock con contundente percusión y no a ese pop-rock de playa surfera californiana que se gastan en su álbum debut. Por aquel entonces, Flo no desafinaba pero tampoco entonaba del todo en las notas largas: se quedaba en aquella marea indefinida en que los momentos álgidos de los temas de Lungs y Ceremonials se desdibujaban, pues la voz de Flo no aterrizaba ni en la nota que buscaba, ni en la nota original ni en la nota que realmente tendría que ser.

Verla tres años después en versión festival, acompañada yo de dos grandes amigas en su países de residencia respectivos (Portugal y Suecia) me hizo apreciar que tanto el atino vocal de Florence Welch así como su soltura sobre el escenario han mejorado con el tiempo. Pero no olvidemos que el contexto de festival, donde el horario estipulado es reducido y el escenario es el que es, hizo que las actuaciones de la banda, aunque ya apuntaban las maneras más bailables y pop de How Big, How Blue, How Beautiful, fueran eso: un show en que, efectivamente, se respira el ambiente florenciano (con su purpurina y coronas de flores correspondientes) sobre todo en las primeras filas, pero en que se actúa a preu fet, sin demasiadas oportunidades para el diálogo ni para la contextualización de canciones ni para, en algunos casos, ninguna floritura luminosa espectacular. Por no decir que no todo el público se muestra entregado, puesto que en los festivales a veces vas a ver a un grupo para llenar un hueco o para ver qué tal suena.

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Florence + The Machine en Way Out West – Göteborg 2015. Foto: Mª del Mar Suárez

Cuando comenté que iba a ver a Florence dos veces este abril, hubo quién me dijo ¿vas a ver dos veces lo mismo? Y, deep inside, pues sí, me temía que sí aunque lo viviría necesariamente de un modo distinto. Aunque el set list ha variado en ocasiones desde que el How Blue tour empezó, había algo en mí que me decía que no iba a ver ningún cambio en el set list de Barcelona a Madrid. Why? Dunno. No tendría por qué, habiendo F+TM cambiado el set list anteriormente sin que ello significara ningún mayor esfuerzo que el de ensayar el tema y ajustar las luces, puesto que todo lo demás era exactamente igual que en las actuaciones anteriores, incluso las de festival, incluyendo el backdrop y dejándose de presentar ni siquiera a los músicos. Pues, querida Florence, algunos flows te llamamos Goddess Flo, pero… ¿qué sería de ti sin el resto de tu Santísima TriniMachine? No obstante, viví los dos conciertos de modo distinto, y a eso es a lo que voy:

A la crónica que ya escribí del de Barcelona solo tengo que añadirle un apunte que me sorprendió: el público de grada de mi sector. Sorprendentemente, se pasó las dos primeras canciones sentado, cosa nada habitual en la mayoría de conciertos de pop-rock a los que he asistido en el Sant Jordi. ¿No son ‘What The Water Gave Me‘ o ‘Ship To Wreck‘ lo suficientemente dramáticas como para levantarse y cantar de pie al mismo tiempo que se coreografían espontáneamente? Pues parece ser que para muchos, no, e incluso algunos pidieron a los que se habían levantado que se sentaran. No fue hasta que Florence invitó al público a levantarse en la tercera canción que la mayoría (no todos) de los ocupantes del sector 105 y 106 lo hizo. Barcelona, ¡¡¡que estamos en Spain-viva-la-fiesta-viva-la-noche-vivan-los-DJs, no en UK!!! Por otra parte, el sonido fue muy bueno y destaco, sobre todo, cómo lucían los vibratos de los temas de Ceremonials. Sin embargo, me faltó algo de energía, explosión acústica o amplitud sonora en ‘Mother‘, ese tema que lo oyes y dices: “Buah, tema fijo de cierre de concierto en un estadio de dimensiones considerables”. Quizás mi desilusión sea debida a habérmela imaginado así antes de hora, en un cierre brillante que pone punto y final a How Big, How Blue, How Beautiful de modo que, necesariamente, sientes la compulsión en tu interior de darle dos puntitos más de volumen al equipo de reproducción e imaginarte a Flo en una de sus carreras de punta a punta del recinto bañándose en las masas de flows mientras el coro se queda solo con su Uuuuuuuuuuuh uuuuuuuh final a partir de 04:50.

Dicen que la expectación y la ilusión que le pones a algo antes de que pase es lo que hace que disfrutes más ese algo, más que no el hecho en sí. Y eso es lo que me pasó para el concierto de Florence + The Machine en el Palacio Vistalegre, con una calidad acústica bastante inferior a la del de Bcn, pero mismo set, misma iluminación, mismos bailes, mismas bromas y contextualizaciones de canciones aunque más breves… Sin embargo, ese evento significaría mi encuentro con Mané López, aka Gustos distintos, con el que llevo la friolera de casi cuatro años hablando por el maravilloso mundo de internet y el que fuera el que me dio el último empujoncito para abrirme este espacio. Así pues, como ilusión y ganas no nos faltan, desde diciembre que compramos las entradas hasta el 17 de abril, tuvimos tiempo para montar el viaje, hacer que un poster llegara de un almacén en C/Pallars de Barna a su habitación en Málaga, previa odisea particular de la moi (pun intended), pensarnos el outfit, evitar vídeos en vivo (no spoilers, thanks) y desear que el bonus trackWhich Witch‘ se incluyera también en España.

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Ya en Vistalegre, desde las 14h (abrían puertas a las 19h), habiendo dormido 3h 20′ por haber escrito la crónica de Bcn y tener que llegar al aeropuerto in time, y con un buen chute de cafeína pa’ las venas, tuve tiempo de comprobar que el público de pista sería de lo más majo, entregado (se repetían los “Mi reina, mi diosa, mi queen” por doquier) y práctico (maravillada estoy aún de la colchoneta de playa de asiento).  Algunos madrileños estaban también realmente preocupados por qué haríamos cuando nos llegara “la llamada de la naturaleza” antes de entrar (?!). Ver llegar a Mané un rato después con su rebeca y sus calcetines de abeja fue para mí casi como cerrar un ciclo. Un ciclo que empezaba el 23 de marzo del año pasado con el lanzamiento de ‘What Kind Of Man, que seguiría con un análisis en tres entregas de una de las temáticas de How Big, How Blue, How Beautiful con el que – por desgracia entonces, por suerte ahora –  podía ver reflejadas ciertas situaciones reales con mucha facilidad y que llegaba a su culmen en el concierto de Vistalegre, con un Mané (¡qué poderío y vozarrón!) et moi même entregadísimos desde la primera canción (aunque si hay hambre, se hace un ‘Sweet-Croissant-Nothing‘ y aquí no ha pasado nada). Eso sí, nos mimetizamos con el entorno con unos detalles de purpurina faciales cuyos documentos gráficos solo saldrán a la luz cuando sea igual de famosa que Jennifer Lawrence, para así hacerme autopubli y tal.

Florence + The Machine en Palacio Vistalegre
Florence + The Machine en Palacio Vistalegre. Foto: Mª del Mar Suárez.

No voy a contar nada más del concierto de Madrid, puesto que, como casi siempre (menos cuando Mané se emociona con Halseys, Låpsleys y demás cantantes pop que termino por confundir), suscribo todo lo que Mané ya contó en su propia y detalladísima crónica. Solo voy a añadir que, al volver a Barcelona, tuve la misma sensación de vacío que cuando mi amiga Júlia y yo, en ocasiones acompañadas de otros amigos, vivimos intensamente la previa del 360º de U2 yendo a escuchar los ensayos en los alrededores del Camp Nou varias veces. Esa sensación de “¿y ahora qué?” when everything is over y que hace que ya esté buscando ese otro evento que vuelva a darle aceite al engranaje de la vida diaria y ponerle salsa a la no-tan-rutina que, al menos a mí, nos da energía día tras día.

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