Coldplay y la alegría multicolor de ‘A Head Full of Dreams’

Coldplay convierte indiscutiblemente el Estadi Olímpic en una gran fiesta multitudinaria, vitalista y multicolor.

coldplay a head

Una última vuelta de tuerca al tour de Mylo Xyloto. Así podríamos definir la gira A Head Full of Dreams, que trajo el último y controvertido álbum de Coldplay e hizo vibrar a todo el Estadi Olímpic Lluís Companys (y, según varios pajaritos, también a parte del Poble Sec y el Raval) durante la noche del jueves y del viernes durante dos horas.

Esta era ya la tercera vez que veía a los británicos (las anteriores fueron para el X&Y en el Sant Jordi y para el Mylo Xyloto en el Calderón tras incomprensiblemente – o no, ya que estaba en plena tesis y vivía en un mundo paralelo –  perderme el de Viva la Vida or Death and All His Friends, en el Olímpic en el 2009), por lo que mis expectativas fundadas eran altas en algunos aspectos y no tan optimistas en otros. Además, empecé mal el día en relación al concierto: unos cambios de última hora hicieron que mi ilusión por el evento bajara a menos mil y el retraso en la coordinación en la hora de entrada hizo que todo lo que viera fuera a través de pantalla. Nota para futuros acompañantes: Mª del Mar, aquí la moi, es a) de máximo segunda gradería; b) de primeras filas aunque haga falta hacer cola durante horas; c) de ultimísima fila, en que el ángulo y distancia respecto de las cabezas de delante te permite verlo todo. Cualquier otra opción que contemple sucedáneos o medias tintas queda directamente descartada. Vaya por delante también que asistí al concierto del jueves y que fuentes fiables me han confirmado que el del viernes estuvo mejor en cuestión de calidad sonora.

A lo que iba, pues. Las expectativas de grado medio, partiendo de la experiencia previa, se debían, precisamente, a Chris Martin: un gran líder de banda, sin duda, pero con una voz que no es nada del otro jueves aunque por fin haya aprendido que no por mucho estirar el cuello se llega a las notas altas. Líder que no es la primera vez ni la última que para un tema en medio de un concierto porque no sabe por dónde va (efectivamente, volvió a pasar). Las altas: el espectáculo en sí, pues Coldplay han ido in crescendo en ese aspecto (exceptuando la mini-gira del paréntesis de “¡Ah, qué lamentosos son los efectos del pasado en el presente y del amor incondicional!” que se gastaban en el mini-tour con Ghost Stories, publicado en 2014), convirtiéndose así en una banda capaz de hacer vibrar un estadio lleno hasta la bandera como es el Olímpic en masa, al unísono, cantando y bailando como si no hubiera mañana tal que fiesta de la alegría y la felicidad, ah ah ah ah. Todo ello, gracias a cuatro elementos clave: 1) unos temas cada vez más y más bailables, aunque no por ello de mejor calidad que los anteriores o que sus paralelos en otras bandas actuales, ni mucho menos; 2) la disposición del escenario en varias unidades con su correspondiente pasarela; 3) un espectáculo lumínico y audiovisual que quita el hipo; y 4) la interactividad -que no tanto interacción por mucho castellano que hablara Martin (Gwyneth Paltrow hizo los deberes como tícher) – a través de las pulseras lumínicas y sonoras, recurso ya utilizado por la banda anteriormente.

coldplay visuals

Efectivamente, esta es la gira de A Head Full of Dreams (2015), ese álbum en que cualquier rastro del Coldplay de Parachutes (2000), A Rush of Blood to the Head (2002) y X&Y  (2005) desaparece casi que por completo para hacer que Coldplay se convierta en un grupo con temas pop ultrapegadizos, de estructura predecible y muchísima más producción que en obras anteriores. Producción que se trasladaría en música enlatada para el directo, pues cuatro músicos en el escenario dan para lo que dan. Para los más puristas y fervientes defensores de los primeros álbumes de Coldplay, este último álbum es un truño de álbum regularcín pero que, escuchados todos los álbumes de la banda en conjunto (sí, es a lo que me he dedicado hoy antes de ponerme a escribir esto), se explica como una evolución lógica aunque no por ello completamente sensata. Hasta que lo vives en directo y aprehendes que veinte años de carrera dan para mucho cambio, colaboraciones y adaptación a los tiempos incluidas. Asimilas también que si tu objetivo es darle de comer a tus hijos y a los de la gente que trabaja para ti manteniendo o superando el listón conseguido en giras anteriores, tienes que llenar estadios manteniéndote atractivo para un público que abarque tanto a tus fans de siempre como a los nuevos jóvenes. Y en ese contexto, el pop que han ido incorporando Coldplay progresivamente o cualquier variante rock is the way to go. Me pregunto si Coldplay hubieran sido capaces de llenar un Estadi Olímpic dos noches seguidas con 7 álbumes del estilo de sus dos primeros sin que decayera el ritmo. Y me aventuro y oso decir que la respuesta es un no rotundo. Además, Coldplay se presentan en este tour con un set list orquestado de manera tal que no da lugar a ningún bajón aun tocando, a petición del público ‘Don’t Panic‘ o ‘Trouble, ambas de Parachutes (ains, que tendría que haber ido el viernes para esta joyita)… hasta que la banda se tiene que trasladar a otro mini-escenario y se produce el silencio en uno de los traslados. ¡Craso error! No obstante, y de aquí también el éxito de las plataformas, los miembros de Coldplay se mostraron unidos y cercanos al público en estas plataformas, aunque no tanto en el escenario, de grandes dimensiones pero que veía a Will Champion, Jonny Buckland, al guapérrimo de Guy Berryman y a Chris Martin cuando no le daba por la vena saltimbanqui-planeador, apelotonados, y casi estáticos, a lo que ya nos tienen acostumbrados. Salvo estos menos y el sonido amortiguado de las primeras frases musicales que sonaron el jueves y que me encogieron el estómago temiendo su eternización o la repetición de lo ocurrido en el Estadi también en 2008, el ritmo no decayó.

guy berryman + other members

Y vayamos al set list, que cubrió casi todas mis necesidades básicas aunque echara de menos ‘Politik‘, ‘Lovers in Japan‘ y ‘Talk‘ o ‘Square One‘, comprendiendo y asumiendo dócilmente que el tiempo es el que es (aunque Bruce Springsteen y Damon Albarn superen las tres horas de show, ehem). Y es que me doy con un canto en los dientes de poder haber escuchado ‘The Scientist‘, ‘Magic‘ (aunque un pelín vacía), la simplona pero dulce ‘Ink‘, por supuesto ‘Charlie Brown‘ (que compensa la ausencia de ‘Lovers in Japan’), un remix de ‘Paradise‘ vía DJ Tiësto durante la que esperabas que en cualquier momento te saliera David Guetta pegando saltos por ahí y un snippet de la BonIveriana (aunque desconcertante por tratarse de Coldplay) ‘Midnight‘, que me encrespó los pelos. Me sobró, no obstante –  y no me peguéis- , ‘Heroes’ como tardío homenaje a Bowie.

Soy de las que, por más que lo intente no le encuentro la gracia al álbum A Head Full of Dreams dada su previsibilidad y, en algunos momentos, impostada frescura, por lo que no voy a celebrar sus virtudes aunque tampoco condenar que cayeran los singles, como era de esperar. Precisamente por eso, porque es del tour del que estamos hablando. Es más, diré que fueron indudablemente una pieza clave más (¿la que más?) para que fuera posible el jolgorio vivido en el Estadi por más de 50.000 personas en cada una de esas dos fechas. Abría el concierto el tema que da nombre al álbum y que aboga por tener sueños en la vida, un tema olvidable musicalmente pero que ya ponía las bases de la noche. Exceptuando  la lenta ‘Everglow‘, los demás cortes de A Head… (‘Hymn For The Weekend, la oldish-discotequera Adventure of a Lifetime con palmas espontáneas asincopadas del público y coreografía grupal, la calvinharrisiana ‘A Sky Full of Dreams‘- qué jolgorio, qué alboroto, otro perrito piloto- y el cierre con ‘Up & Up‘ como cierre a modo cool down pero no por ello menos edificante, optimista e inspiradora, no hicieron más que levantar a las masas e inyectarles una energía gravitatoria sin par. No obstante, sí que me voy a lamentar de que eso implicara también añadirle unos graves rarunos a ‘Clocks‘ que hicieron que las campanas relojiles no brillaran como las veces anteriores (¿debido también a las dimensiones del Estadi?) y un zumbido también raruno unido a una base rítmica hotchippera en ‘Fix You‘ que hizo que perdiera la esencia de la original aunque mantuviera la tan mítica carrera de Martin a lo largo de la pasarela. Me remito también a mis fuentes fiables para decir que el viernes estos dos temas recuperaron parte de su forma original.

Volviendo a los elementos clave, en cierto modo inseparables, destaco lo que da la forma y el hilo argumental a todo el espectáculo, independientemente del álbum de procedencia del tema que se esté interpretando: los visuales. El elemento que muestra ese pequeño a la vez que gran paso respecto del Mylo Xyloto, en que ya teníamos un piano “manchado” con pintura de colores que ahora da paso a un piano decorado a conciencia, la misma conciencia del diseño de vestuario y de las múltiples mandalas que se sucedían sin parar así como los diseños en 3D, los brillos y resplandores y los paisajes que quitaban la respiración. Más de un ‘ooooooooh’ al unísono se oyó ante la espectacularidad y vitalidad de los visuales que, sin duda, contribuyeron, junto a los confetis repetidos, a que incluso los temas de A Head Full of Dreams sonaran a grandes himnos (sin necesariamente serlo). Sin duda, el objetivo de Coldplay era que su público lo pasara en grande y lo lograron, puesto que, aunque su último álbum no te guste especialmente, es imposible no vivirlo al máximo en tal contexto, imaginándote estar bailando cual turista en una fiesta en la playa vestida de blanco, con falda corta vaporosa, ya sea con sandalias, ya sea descalza, y ataviada con collares de cuentas y plumas o, en su defecto, pulseras y pulseras de piel marrón trenzadas. Contribuían también a tales ‘ooooooh’, las luces y sonidos que portaban los asistentes en la pulsera distribuida en la entrada (y que se supone que es de Huelva), un recurso ya conocido por sus fans pero no por ello menos efectivo ni aburrido. Destaco también especialmente el juego de la cámara aérea de plano picado que creaba un juego fascinante con los filtros lumínicos a capas que se convertían en el falso suelo cambiante de los escenarios secundarios.

plano picado coldplay - copia

Puedo decir alto y claro que el tour A Head Full of Dreams salva el álbum y muestra fielmente la evolución, que no involución en sentido peyorativo, de Coldplay, adaptándose (¿a la vez que vendiéndose?) a las tendencias del mercado mainstream. Más allá del giro de tuerca experimentado desde el Viva la Vida y el Mylo Xyloto, cuando se le ha preguntado recientemente a Chris Martin ‘What’s next?’ ante sus declaraciones acerca de que A Head Full of Dreams suponía un punto y aparte para Coldplay, rumbo a un nuevo destino para la banda, su respuesta ha sido que harían un álbum de flamenco cantado en holandés, obviamente bromeando. Seguir en la misma línea de A Head… probablemente les crearía más detractores aún, algo a lo que no se pueden arriesgar. No obstante, viendo cómo han logrado conjugar con éxito su carrera en dos horas de concierto, me decantaría por un retorno al X&Y o al Viva la Vida o instalarme en un Mylo Xyloto que logre llenar estadios igualmente y haga vibrar y latir corazones a miles y miles de personas como pocas veces ocurre en tales eventos. Aunque, por mí, ojalá tiraran por lo experimental BonIveriano de lo que nos dieron muestra en ‘Midnight’ con toques electro, la fiesta estaría asegurada también. Sea como sea, Coldplay se confirman como una banda de estadios de manual, que se acompaña con un diseño visual espectacular y una gran maestría en el terreno interactivo/millennial acorde con su estadio generacional.

Galería de imágenes.

*De telonera vi un trozo de la actuación de Lianne La Havas, que tendré que investigar…

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