The Best Concerts 2016 Gave Me

According to my records, I’ve attended 73 concerts this year, including those in festivals. As I always say, if I ever go to a concert, it’s to be thrilled, to be moved, to feel something. Mind that I haven’t written about all of these 73 and some of them I have, but elsewhere. So… what follows is nothing but the list of those concerts that have meant something to me on that day, for whatever reason. There I go, and in chronological order…

1. Florence + The Machine – 17/4/16, Palacio Vistalegre, Madrid 

That concert meant meeting Mané López for the first time (it seems as if it had happened so long ago!)  and not having to write about it for any mag, unlike what I did for the same gig in Barcelona. Though I did write about it anyway. It was too good to let it escape. I had a  whale of a time despite the fact that the concert was pretty much the same as the one in Barcelona. Oh well…

2. Marlango – 24/4/16, Sala BARTS, Barcelona

marlango

When I grow up, I just wanna be like Leonor Watling. Period. And this.

3. The Lazy Lies & Indigos – 21/5/16, Sala BeGood, Barcelona

Indigos-Lazy

That eve was pretty emotional, as for the first time, I met Malou Bustos, former TLL manager, with whom I had been talking now and then for ages on Twitter. I also met Iván Gil, the photographer who invited me to a Coke before the gig (I still owe you!) to get to know each other and later on became my friend. Way.to.go. It all made me enjoy the concerts in a very special mood. As for the gigs, I was gladly surprised about the quality of both bands, them being rather unknown. Who would’ve thought as well that would be the starting point for so many connections. It’s a small world, indeed. And yes, I also wrote about both performances.

4. Queen + Adam Lambert – 22/5/16, Palau Sant Jordi, Barcelona

queen + adam lambert

Yeah, Adam Lambert is not Freddie Mercury. But I arrived late at the party. Better late than never, though. (more)

5. Coldplay – 26/5/16, Estadi Olímpic de Barcelona

A helluva show. Something like this.

6. Daughter- 2/6/16, Parc del Fòrum, Primavera Sound 

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If someone makes you cry with the beauty of their performance, what else can you ask for?

7. PJ Harvey – 4/6/16, Parc del Fòrum, Primavera Sound

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Having no idea what she’s in for and ending up totally mesmerized. That’s the PJ Harvey effect.

8. Mika – 11/6/16, Poble Espanyol, Barcelona 

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Nothing but fun. And joy. And friendship. And bliss. And this.

9. Ramon Mirabet & Alabama Shakes, Cruïlla, Parc del Fòrum 

CruÏlla 2016 collage

I would’ve liked to add Damien Rice too but he moved me more at PS2015. In any case, from Cruïlla 2016, the highlights were: Alabama Shakes, who were outstanding, and Ramon Mirabet, undoubtedly a promise of the present Catalan music scene.

10. Whitney – 23/10/16, Sala Apolo, Barcelona

2016-whitney

If their album is one of my faves this year, their performance did nothing but confirm that they are great.

11. Placebo – 19/11/16, Sportpaleis, Antwerp

If one of your fave bands isn’t coming to town, you gotta go after them to celebrate their 20th anniversary comme il faut.

Bring it on for more concerts, 2017!

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Coldplay y la alegría multicolor de ‘A Head Full of Dreams’

Coldplay convierte indiscutiblemente el Estadi Olímpic en una gran fiesta multitudinaria, vitalista y multicolor.

coldplay a head

Una última vuelta de tuerca al tour de Mylo Xyloto. Así podríamos definir la gira A Head Full of Dreams, que trajo el último y controvertido álbum de Coldplay e hizo vibrar a todo el Estadi Olímpic Lluís Companys (y, según varios pajaritos, también a parte del Poble Sec y el Raval) durante la noche del jueves y del viernes durante dos horas.

Esta era ya la tercera vez que veía a los británicos (las anteriores fueron para el X&Y en el Sant Jordi y para el Mylo Xyloto en el Calderón tras incomprensiblemente – o no, ya que estaba en plena tesis y vivía en un mundo paralelo –  perderme el de Viva la Vida or Death and All His Friends, en el Olímpic en el 2009), por lo que mis expectativas fundadas eran altas en algunos aspectos y no tan optimistas en otros. Además, empecé mal el día en relación al concierto: unos cambios de última hora hicieron que mi ilusión por el evento bajara a menos mil y el retraso en la coordinación en la hora de entrada hizo que todo lo que viera fuera a través de pantalla. Nota para futuros acompañantes: Mª del Mar, aquí la moi, es a) de máximo segunda gradería; b) de primeras filas aunque haga falta hacer cola durante horas; c) de ultimísima fila, en que el ángulo y distancia respecto de las cabezas de delante te permite verlo todo. Cualquier otra opción que contemple sucedáneos o medias tintas queda directamente descartada. Vaya por delante también que asistí al concierto del jueves y que fuentes fiables me han confirmado que el del viernes estuvo mejor en cuestión de calidad sonora.

A lo que iba, pues. Las expectativas de grado medio, partiendo de la experiencia previa, se debían, precisamente, a Chris Martin: un gran líder de banda, sin duda, pero con una voz que no es nada del otro jueves aunque por fin haya aprendido que no por mucho estirar el cuello se llega a las notas altas. Líder que no es la primera vez ni la última que para un tema en medio de un concierto porque no sabe por dónde va (efectivamente, volvió a pasar). Las altas: el espectáculo en sí, pues Coldplay han ido in crescendo en ese aspecto (exceptuando la mini-gira del paréntesis de “¡Ah, qué lamentosos son los efectos del pasado en el presente y del amor incondicional!” que se gastaban en el mini-tour con Ghost Stories, publicado en 2014), convirtiéndose así en una banda capaz de hacer vibrar un estadio lleno hasta la bandera como es el Olímpic en masa, al unísono, cantando y bailando como si no hubiera mañana tal que fiesta de la alegría y la felicidad, ah ah ah ah. Todo ello, gracias a cuatro elementos clave: 1) unos temas cada vez más y más bailables, aunque no por ello de mejor calidad que los anteriores o que sus paralelos en otras bandas actuales, ni mucho menos; 2) la disposición del escenario en varias unidades con su correspondiente pasarela; 3) un espectáculo lumínico y audiovisual que quita el hipo; y 4) la interactividad -que no tanto interacción por mucho castellano que hablara Martin (Gwyneth Paltrow hizo los deberes como tícher) – a través de las pulseras lumínicas y sonoras, recurso ya utilizado por la banda anteriormente.

coldplay visuals

Efectivamente, esta es la gira de A Head Full of Dreams (2015), ese álbum en que cualquier rastro del Coldplay de Parachutes (2000), A Rush of Blood to the Head (2002) y X&Y  (2005) desaparece casi que por completo para hacer que Coldplay se convierta en un grupo con temas pop ultrapegadizos, de estructura predecible y muchísima más producción que en obras anteriores. Producción que se trasladaría en música enlatada para el directo, pues cuatro músicos en el escenario dan para lo que dan. Para los más puristas y fervientes defensores de los primeros álbumes de Coldplay, este último álbum es un truño de álbum regularcín pero que, escuchados todos los álbumes de la banda en conjunto (sí, es a lo que me he dedicado hoy antes de ponerme a escribir esto), se explica como una evolución lógica aunque no por ello completamente sensata. Hasta que lo vives en directo y aprehendes que veinte años de carrera dan para mucho cambio, colaboraciones y adaptación a los tiempos incluidas. Asimilas también que si tu objetivo es darle de comer a tus hijos y a los de la gente que trabaja para ti manteniendo o superando el listón conseguido en giras anteriores, tienes que llenar estadios manteniéndote atractivo para un público que abarque tanto a tus fans de siempre como a los nuevos jóvenes. Y en ese contexto, el pop que han ido incorporando Coldplay progresivamente o cualquier variante rock is the way to go. Me pregunto si Coldplay hubieran sido capaces de llenar un Estadi Olímpic dos noches seguidas con 7 álbumes del estilo de sus dos primeros sin que decayera el ritmo. Y me aventuro y oso decir que la respuesta es un no rotundo. Además, Coldplay se presentan en este tour con un set list orquestado de manera tal que no da lugar a ningún bajón aun tocando, a petición del público ‘Don’t Panic‘ o ‘Trouble, ambas de Parachutes (ains, que tendría que haber ido el viernes para esta joyita)… hasta que la banda se tiene que trasladar a otro mini-escenario y se produce el silencio en uno de los traslados. ¡Craso error! No obstante, y de aquí también el éxito de las plataformas, los miembros de Coldplay se mostraron unidos y cercanos al público en estas plataformas, aunque no tanto en el escenario, de grandes dimensiones pero que veía a Will Champion, Jonny Buckland, al guapérrimo de Guy Berryman y a Chris Martin cuando no le daba por la vena saltimbanqui-planeador, apelotonados, y casi estáticos, a lo que ya nos tienen acostumbrados. Salvo estos menos y el sonido amortiguado de las primeras frases musicales que sonaron el jueves y que me encogieron el estómago temiendo su eternización o la repetición de lo ocurrido en el Estadi también en 2008, el ritmo no decayó.

guy berryman + other members

Y vayamos al set list, que cubrió casi todas mis necesidades básicas aunque echara de menos ‘Politik‘, ‘Lovers in Japan‘ y ‘Talk‘ o ‘Square One‘, comprendiendo y asumiendo dócilmente que el tiempo es el que es (aunque Bruce Springsteen y Damon Albarn superen las tres horas de show, ehem). Y es que me doy con un canto en los dientes de poder haber escuchado ‘The Scientist‘, ‘Magic‘ (aunque un pelín vacía), la simplona pero dulce ‘Ink‘, por supuesto ‘Charlie Brown‘ (que compensa la ausencia de ‘Lovers in Japan’), un remix de ‘Paradise‘ vía DJ Tiësto durante la que esperabas que en cualquier momento te saliera David Guetta pegando saltos por ahí y un snippet de la BonIveriana (aunque desconcertante por tratarse de Coldplay) ‘Midnight‘, que me encrespó los pelos. Me sobró, no obstante –  y no me peguéis- , ‘Heroes’ como tardío homenaje a Bowie.

Soy de las que, por más que lo intente no le encuentro la gracia al álbum A Head Full of Dreams dada su previsibilidad y, en algunos momentos, impostada frescura, por lo que no voy a celebrar sus virtudes aunque tampoco condenar que cayeran los singles, como era de esperar. Precisamente por eso, porque es del tour del que estamos hablando. Es más, diré que fueron indudablemente una pieza clave más (¿la que más?) para que fuera posible el jolgorio vivido en el Estadi por más de 50.000 personas en cada una de esas dos fechas. Abría el concierto el tema que da nombre al álbum y que aboga por tener sueños en la vida, un tema olvidable musicalmente pero que ya ponía las bases de la noche. Exceptuando  la lenta ‘Everglow‘, los demás cortes de A Head… (‘Hymn For The Weekend, la oldish-discotequera Adventure of a Lifetime con palmas espontáneas asincopadas del público y coreografía grupal, la calvinharrisiana ‘A Sky Full of Dreams‘- qué jolgorio, qué alboroto, otro perrito piloto- y el cierre con ‘Up & Up‘ como cierre a modo cool down pero no por ello menos edificante, optimista e inspiradora, no hicieron más que levantar a las masas e inyectarles una energía gravitatoria sin par. No obstante, sí que me voy a lamentar de que eso implicara también añadirle unos graves rarunos a ‘Clocks‘ que hicieron que las campanas relojiles no brillaran como las veces anteriores (¿debido también a las dimensiones del Estadi?) y un zumbido también raruno unido a una base rítmica hotchippera en ‘Fix You‘ que hizo que perdiera la esencia de la original aunque mantuviera la tan mítica carrera de Martin a lo largo de la pasarela. Me remito también a mis fuentes fiables para decir que el viernes estos dos temas recuperaron parte de su forma original.

Volviendo a los elementos clave, en cierto modo inseparables, destaco lo que da la forma y el hilo argumental a todo el espectáculo, independientemente del álbum de procedencia del tema que se esté interpretando: los visuales. El elemento que muestra ese pequeño a la vez que gran paso respecto del Mylo Xyloto, en que ya teníamos un piano “manchado” con pintura de colores que ahora da paso a un piano decorado a conciencia, la misma conciencia del diseño de vestuario y de las múltiples mandalas que se sucedían sin parar así como los diseños en 3D, los brillos y resplandores y los paisajes que quitaban la respiración. Más de un ‘ooooooooh’ al unísono se oyó ante la espectacularidad y vitalidad de los visuales que, sin duda, contribuyeron, junto a los confetis repetidos, a que incluso los temas de A Head Full of Dreams sonaran a grandes himnos (sin necesariamente serlo). Sin duda, el objetivo de Coldplay era que su público lo pasara en grande y lo lograron, puesto que, aunque su último álbum no te guste especialmente, es imposible no vivirlo al máximo en tal contexto, imaginándote estar bailando cual turista en una fiesta en la playa vestida de blanco, con falda corta vaporosa, ya sea con sandalias, ya sea descalza, y ataviada con collares de cuentas y plumas o, en su defecto, pulseras y pulseras de piel marrón trenzadas. Contribuían también a tales ‘ooooooh’, las luces y sonidos que portaban los asistentes en la pulsera distribuida en la entrada (y que se supone que es de Huelva), un recurso ya conocido por sus fans pero no por ello menos efectivo ni aburrido. Destaco también especialmente el juego de la cámara aérea de plano picado que creaba un juego fascinante con los filtros lumínicos a capas que se convertían en el falso suelo cambiante de los escenarios secundarios.

plano picado coldplay - copia

Puedo decir alto y claro que el tour A Head Full of Dreams salva el álbum y muestra fielmente la evolución, que no involución en sentido peyorativo, de Coldplay, adaptándose (¿a la vez que vendiéndose?) a las tendencias del mercado mainstream. Más allá del giro de tuerca experimentado desde el Viva la Vida y el Mylo Xyloto, cuando se le ha preguntado recientemente a Chris Martin ‘What’s next?’ ante sus declaraciones acerca de que A Head Full of Dreams suponía un punto y aparte para Coldplay, rumbo a un nuevo destino para la banda, su respuesta ha sido que harían un álbum de flamenco cantado en holandés, obviamente bromeando. Seguir en la misma línea de A Head… probablemente les crearía más detractores aún, algo a lo que no se pueden arriesgar. No obstante, viendo cómo han logrado conjugar con éxito su carrera en dos horas de concierto, me decantaría por un retorno al X&Y o al Viva la Vida o instalarme en un Mylo Xyloto que logre llenar estadios igualmente y haga vibrar y latir corazones a miles y miles de personas como pocas veces ocurre en tales eventos. Aunque, por mí, ojalá tiraran por lo experimental BonIveriano de lo que nos dieron muestra en ‘Midnight’ con toques electro, la fiesta estaría asegurada también. Sea como sea, Coldplay se confirman como una banda de estadios de manual, que se acompaña con un diseño visual espectacular y una gran maestría en el terreno interactivo/millennial acorde con su estadio generacional.

Galería de imágenes.

*De telonera vi un trozo de la actuación de Lianne La Havas, que tendré que investigar…

Ese hype de la Super Bowl 50

Tras ver una actuación casi impecable vocalmente (otra más) de Lady Gaga (a partir de 02:15) en la Super Bowl, acabo de perder y agotar la fe en el mainstream music biz, whatever that means.

La quitas del circo que la acompaña en sus actuaciones y que le valió para darse a conocer, y dices, olé la Gaga. Ahora que ya te conocemos, Lady Gaga, ¿podemos explotar más esta vena de artista que llevas dentro sin llevarla al extremo? No, no hace falta que respondas a la pregunta. Ya me sé la respuesta.

A lo que iba. No me voy a poner a valorar la actuación principal (o no sólo), pues muchas revistas ya lo han hecho y representa que uno vale la pena que escriba en la red no para reverberar sino para crear contenidos, y para eso tengo cuerda para rato. Pero, qué queréis que os diga, tampoco estoy 100% de acuerdo con lo que se dice, se comenta, se rumorea de la actuación de este año de Coldplay with a little help of Beyoncé y Bruno Mars (y todo el séquito de bailarines). Ni siquiera con lo que dicen las revistas que leo más habitualmente en que últimamente se dedican a mortificar (y motivos no les faltan – diox, qué pena el último álbum) a Coldplay. Véase aquí el ejemplo de crítica de la actuación publicada en Jenesaispop que, dentro del espacio otorgado, se dedican a vapulear al grupo liderado por Chris Martin. Aunque esté de acuerdo con el hecho de que a Coldplay no les hacía falta ayuda externa, pues tienen repertorio de sobra para rellenar 13 minutos y dos horas más de regalo, es lo que tocaba ese día. Sin embargo, no era una Super Bowl 49 ni una 51, era la 50. Y como a los americanos les gusta hacerlo todo a lo grande, pues se sacaron de la manga a la ya no tan Queen Beyoncé y a Bruno Mars para hacerlo todo más cool y que no pasara la SB50 a la historia por la actuación principal de unos que vienen de una isla que se llama… ¿London? y que está ¿al este? ¿al oeste? de eso que llaman Europa. Lamentablemente, se quedaron en el intento.

Es obvio que Coldplay no estuvieron a la altura. Pero es que no le pidamos peras al olmo: no es ninguna novedad que Chris Martin no es para nada (ni nunca lo ha sido) buen vocalista. Las notas altas no las acierta ni por asomo la mayoría de las veces o se desgañita en el intento. Hoy, ayer y probablemente mañana, aunque haya dado muestras ocasionales de “Progresa adecuadamente” en contextos controlados. Certificado con la comparación entre la primera y la segunda vez que he visto a la banda en concierto. Se sabe regular, pero cuando le pones coreo saltimbanqui de por medio o notas en el borde de su (escasito) rango vocal , se jdió la mrrnHe just can’t.

Visto el vídeo (porque lo habéis visto, ¿verdad?), Chris Martin vuelve a demostrar que o canta o baila a lo somos los gorilas uh uh uh. No le pidas más. Ambos, va a ser que no. También vemos que no termina ni una frase melódica con aire o afinando, sobre todo al principio. Que parece un pulpo perdido en un garaje pero no porque no encuentre a los miembros de la banda (Jenesaispop, ¿cómo lo sabéis con los frames reducidos de cámara?), sino porque el evento les quedaba grande. A Martin y al resto. Pero simplemente por el tipo de banda que es, that’s it. No estamos ante heavymetaleros ni rockeros con mayúsculas ni ante “estrellas del pop”, aunque parece que esta sea su misión principal en los tres últimos álbumes. Y no, ‘Paradise’, justamente, no sobraba. Que aparece como un pegote, mal ligada en el medley, sí, pero de sobrar, podía sobrar cualquier de las otras según ese criterio. Medley terrible donde los haya.

Pero es que tampoco estoy 100% de acuerdo en que Beyoncé (o hasta cierto punto Bruno Mars) le robara el protagonismo a Coldplay como han dicho, como muchos otros, en BBC1. Más vistosos, sí. Más american(ad)os, sí. Pero igual de olvidables. Estamos (-amos, -amos, sí, porque espero que estéis de acuerdo conmigo) cansados de ver a la misma Beyoncé disco tras disco, actuación tras actuación, momento mediático tras momento mediático. Aunque lo quisiera disfrazar de actuación con mensaje de defensa a la población negra con su nuevo tema, ‘Formation’, publicado justo unas horas antes (¡qué casualidad! #NO) y “movimientos de baile típicos de”, no cuela… Yo lo siento, pero a alguien que sea de piel oscura sólo de cara a la galería, no me compra. Porque de discriminada y de pobre, al menos tú, tienes poco, Bey & cuadrilla, que sois unos cuantos.

En cuanto a Bruno, pues me voy a repetir: Bruno Mars todavía no existe como artista con personalidad propia. Todavía lo espero. Mientras tanto, podemos decir que es un mejunje bien apañado de Michael Jackson, Elvis Presley, James Brown, Bob Marley y [complete la lista] con envoltorio pop del que entra fácil, por lo que haga lo que haga, si te gustan estos, te gusta Mars. Y el tío luce encima del escenario y te lo hace pasar bien, que es de lo que se debería tratar el music biz after all, ¿no? Entretener y tal. Y el duelo Bey/Mars estuvo mono. Más que visto, pero mono.

Así pues, después de todo esto, ¿cuál es el problema? El hype, cariños míos, el hype. Entiéndase hype cuando hablan de ti a todas horas cuando motivo, de haberlo, no lo hay. Y la overexposure, no merecida. Mucha. Demasiada. Tanta, que no puedo con la vida. El mainstream se ha convertido en el único stream. Y punto…. y coma. No hay copia sin copia. Coldplay cada vez es más Maroon 5OneDirection + hit-dance-del-verano-del-97 + ese-poquito-de-U2-que-tenían-cuando-empezaron. Beyoncé es esa-copia-de-sí-misma-que-tanto-le-gusta + Destiny’s Child + Madonna + Rihanna. Y de Bruno Mars, solo hace falta levantar un poco la mirada y releer el párrafo de arriba.

Dicho lo cual, para mí, la actuación de la media parte de la Super Bowl de este año, vista por millones y millones de espectadores, no fue más que, para al menos dos tercios de las actuaciones de la half-time, un producto de marketing más. Ni más ni menos, ni más ni menos. En cuanto a Coldplay, de capa caída, hace falta que se hable de ellos ahora que arrancan el tour. Lo importante es que se hable de ti, aunque sea mal. Así, a lo Oscar Wilde, pues arruinaron sus minutos de gloria bendita con una actuación bastante lamentable a ratos (cualquiera puede tener un mal día) en un contexto inadecuado para ellos. Beyoncé se repitió a si misma con esa fórmula que le funciona y salió bien parada. Fíjate tú, que el martes recibía newsletter de Beyoncé anunciando tour. ¡Tate! Otra casualidad con causalidad marketinguizada. Yo no soy tonta. Y Bruno… pues digo yo que el nuevo álbum estará al caer, ¿no? O quizás era el apaño para que no se notara tanto. Meter a Taylor Swift instead ya hubiera sido la repanocha. Lo que sí me queda claro es que, a día de hoy, ninguno de los artistas que actuó en la half-time de la Super Bowl son dueños de sí mismos como artistas.

Michael Jackson tampoco lo fue al 100% al principio de su carrera, pero al menos sí pasará a la historia por su actuación en la Super Bowl, incluso por esos segundos en que no hace nada más que llenar el escenario por el simple hecho de estar de pie en él [01:10 – 02:40]. Y por mucho más, como tantos otros [guguelea lista “actuaciones Super Bowl” y verás] que han animado a los yanquis (y por ende, al resto del mundo mundial) en la Super Bo.owl, siendo ellos mismos sobre el escenario. Beyoncé, lo tuyo con el maillot con diseño homenaje a Michael Jackson se quedó más que en homenaje, en otra copia barata más.

Espectacular cuarta noche de U2 en la Ciudad Condal, para algunos

Tras una odisea cibernética para encontrar entradas, el pasado 19 de febrero me hacía, siguiendo el método tradicional (i.e., madrugón y correspondiente cola en la puerta del FNAC), con dos boletos que nos abrirían las puertas a una gran noche con U2 en el Palau Sant Jordi este pasado 10 de octubre.                         U2 entrades

Pasaban ya 15 minutos de la hora prevista del concierto cuando el público, tras olas varias – primero de muchos momentos “rimember güén” de la noche-, se puso en pie al sonar el “People Have The Power” de Patti Smith, himno con mensaje reivindicativo polivalente que tanto te aparece en un concierto de Goddess Flo como en una fiesta de Syriza. Y entraba así, al son de esta canción reivindicativa donde las haya, la figura de áurea endiosada el tan humano y plebeyo él, Paul Hewson aka Bono, con color de pelo inexcusable, seguido de Adam Clayton, bajista que lucía pelo peinado a lo Marilyn; David Ewans aka The Edge, el guitarrista de gorra de punto sempiterna; y el siempre atractivo discreto baterista Larry Mullen Jr sin el anuncio “Busco integrantes de banda” del cual hoy mismo no estaría escribiendo este texto.

Y tras este primer de los también numerosos momentos “sí se puede” del concierto, las primeras notas de “The Miracle (of Joey Ramone)” hicieron levantar al público de sus asientos, que no volverían a calentar hasta el pseudointermedio de “Invisible“. La contundencia y efectismo de “The Miracle” fue una clara muestra de que, a pesar de las críticas medio negativas recibidas por Songs of Innocence por, dicen, no estar a la altura de U2 (sonada fue también la no-campaña de lanzamiento, de descarga indeseada automática en iTunes por el que Bono hizo ver que se disculpaba), los temas del último disco de U2 funcionan, pero que muy bien, en directo, tanto como los explosivos “uno, dos, tres catorce” de entrada de “Vertigo y la incuestionable “I Will Follow”.

Desde nuestra posición, disfrutamos de un espectáculo audiovisual impactante. Las dos pantallas gigantescas laterales con pasarela interna que hacía las veces de escenario fueron motivo de deleite durante la mayor parte del espectáculo. La interactividad en directo imágenes + músicos requería de una sincronización y una coreografía que no se consigue con un ensayo de dos minutos ni de dos horas. Me quito el sombrero y lo que haga falta.

Tras uno de los varios discursos-preaching de la noche de BonoDios con traducción simultánea al español – para asegurarse que el mensaje llega a los fieles – las pantallas laterales empezarían a provocar más de un “¡Oooooh! ¡Aaaaah!” de asombro y “maravillación” extrema entre los asistentes con el arranque de “Iris (Hold Me Close)“, una de las canciones más flojitas del Songs of Innocence, para mí, por aquello que recurre a la típica y ultrarecurrida fórmula de subidón a lo Calvin Harris (escuchad 01:20 – 01:50) en la que han caído también los hermanos chicos de U2, Coldplay, en su “A Sky Full of Stars” (02:31 – 02:56). Sería este el tema, dedicado a la madre de Bono, que serviría de marco de contextualización para una primera mitad del concierto con marcado acento irlandés y con esa bombilla colgante tan, pero tan, udosiana. Si “Iris” ya impresionaba en pantalla, “Cedarwood Road“, sobre la infancia del Niño Jesús Bono en la lluviosa Irlanda nos dejó anonadados con una coreografía a tres bandas (Bono en la pasarela interior, The Edge en la inferior y las imágenes sincronizadas). “Song For Someone“, con doble lectura (romántica y religiosa), nos trasladaría ya a la etapa de juventud, que culminaría con ese retumbe de tambor y marcha militar de todos los miembros que no puede indicar más que ha llegado la hora para desgañitarse, aunque sea con una versión calmada de “Sunday Bloody Sunday” y la también reivindicativa y enérgica “Raised by Wolves“.  La interactividad coreográfica llegaría a su zenit con la fusión en pantalla en “Until The End Of The World” con Bono escupiéndole virtualmente a The Edge.

u2 innocence

Marcaría esa canción la vuelta a la época Achtung Baby y rarita de Zooropa del concierto, recuperando de paso “Invisible“, y con numerito WTF incluido en la plataforma, del que hablaré más adelante, que compensaron con “Spanish Eyes del genial The Joshua Tree, incluido en setlists por primera vez por eso de dedicarle un guiño a los asistentes del país que compra las entradas para engrosar tu cuenta corriente. Seguiría la preciosa “Every Breaking Wave” en modo acústico, que guiaría el éxtasis anterior a los bises, ya en el escenario central, de la mano de “Zooropa“, “Where the Streets Have No Name”, “Pride (In The Name of Love)” y, cómo no, “With or Without You” (¿oigo “Ooooooooooh”?), previo “Bullet The Blue Sky” interpretada por Bono en su totalidad con un megáfono pasarela arriba y abajo.

Si bien en los bises no faltaron algunos de los temas que venían interpretando (“City of Blinding Lights” – gallina de piel- y “Beautiful Day” ) nos quedamos con las ganas de “One“, remplazada por “Bad” y “40”, que nos trasladarían, con una doble pirueta de nostalgia, de nuevo a los inicios de ese monstruo en que se terminaría convirtiendo U2. Y tal y como empezó, U2 cruzó la pasarela y el concierto se acabó.

Los que me conocéis ya sabéis que, aunque “muera por” muchos (una que es entusiasta de la creatividad en su máxima expresión y no se esconde por ello), no puedo ahorrarme la crítica mordaz para mis adentros, así que ahí voy. Hubo, para mí, un fallo mayúsculo que se tendría que haber tenido en cuenta en el precio de las entradas (o no, porque para algo Bono se cree algo así como Dios que se la suda todo ya que sabe que los udosienses podemitas se lo perdonan todo – o él a ellos, rather). Lo peor es que no es la primera vez que pasa en un espectáculo de la envergadura mastodóntica de los irlandeses. Tuvimos la gran churra de conseguir entradas laterales – compré las que me adjudicaron, a ciegas, no estaba el horno para bollos (aunque a la cola de personas que tenía detrás alguno con café con leche no le hubiera ido mal). La base del grueso del espectáculo, como ya he apuntado antes, era esas macropantallas laterales, festival audiovisual que da para un DVD de esos de conciertos que veo mientras plancho * modo maruja on *. Pero los pobres espectadores de la gradería frontal, ¿qué vieron de mientras? Pues un macrorectángulo negro que dividía el estadio en dos mitades. Mitades perfectas, eso sí. Sus entradas, pues, aun siendo de la misma tarifa que las laterales, eran dignas de ser llamadas “de visibilidad parcial”. Hubo también una ligera desincronización que se hizo notable en el final de “Song For Someone“, en que la canción había ya terminado y las imágenes siguieron durante unos pocos segundos, pero es que Dios y sus discípulos también tienen momentos humanos en que erran. No hablaré de los momentos yes-we-can-save-the-planet-and-the-whole-human-kind-ya-que-estamos porque si vas a un concierto de U2, ya sabes que la sutileza en ese campo es materia desconocida. Pero, querido Bono, por mucho que Javier Bardem y Pe sean “amigüitos” tuyos y que se las den también de salvadores del planeta, era totalmente innecesario hacerlos salir a la plataforma, él con boa azul cyan y ella vestida de conejita de Playboy, para más inri, para protagonizar el momento wtf superlativo de la noche al son de “Desire” y “Mysterious Ways“.

Aun así, pues sí, volvería y volveré si Bono Dios quiere, a ir a un concierto de U2, porque son los putos amos lo más en materia de espectáculo musical audiovisual actual (si atinas con el asiento, claro está).

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Investigación, desarrollo e innovación: claves contra el plagio

Supongo que mi vertiente de profesora e investigadora me ha llevado a hacer un artículo de opinión de un tema serio que incluye el temido vocablo “plagio”. Esta vez, me dispongo a tratar sobre un tema que aparece con bastante frecuencia últimamente en la prensa especializada por causas judiciales (¡ahí es ná!): el uso de samples y el consiguiente plagio (o no) de obras anteriores. Léase, por ejemplo, este artículo relacionado publicado en El País.

Un sample no es más que un extracto de una o más capas o líneas melódicas de una canción anterior, modificado (o no) para usarlo en una nueva producción. Los instrumentos también se pueden “samplear” para obtener con ellos nuevas texturas o registros o incluso nuevos usos que serían impensables si se tocara el instrumento original. Wally De Backer – Gotye – lo explica de un modo muy didáctico en su documental Making of Making Mirrors (01:14 – 03:14), aunque para una muestra rápida, os recomiendo que veáis este ejemplo de abajo o, si os apetece, os deis una vuelta por whosampled.com, con miles de ejemplos.

En este artículo, no obstante, vamos a centrarnos de momento en aquellos samples que han causado más de un dolor de cabeza a los usuarios por haberlos encausado, y si realmente es este el mayor problema del panorama musical actual. El más reciente caso que conozco es del último álbum de Tame ImpalaCurrents. En este, parece ser que la canción “Eventually“, fíjate tú qué mala suerte, contiene una base rítmica al principio que coincide con la de esta canción de los 70. Por ello, Kevin Parker (Tame Impala) tuvo el susto de recibir en su bandeja de entrada un correo electrónico de los autores amenazándole con denunciarlo a menos que intentara arreglar el desaguisado por la vía legal (es decir, San Pagando) en un plazo de tres días. La reacción de Kevin Parker no fue otra que reírse de Janeiro, pues ¿cuántas veces debe haberse usado tal combinación rítmica en decenas de canciones anteriormente?

Reacción de Kevin Parker (Tame Impala) en Instagram.
Reacción de Kevin Parker (Tame Impala) en Instagram.

Otro caso muy sonado, y que me tocó muy de cerca en su momento, fue el de la falsa acusación de plagio de Gotye por el uso de un sample de “Seville” de Luiz Bonfá. Está claro que para la prensa no es lo mismo publicar o anunciar por televisión “Gotye es un pringado que tiene que pagar 1 millón de dólares por haber firmado un truño de contrato por el que le debe 70% de los beneficios de “Somebody That I Used To Know” a la familia Bonfá” que “¡Plagio, plagio! ¡Gotye, traidor, a la hoguera!“. Todo ello, claro está, en la línea del periodismo sensacionalista actual, sin consultar una sola fuente original o preguntarle al mismo Gotye, el cual, así como su management, se mantuvieron al margen de tal tormenta. Pues ya se sabe que luego siempre viene la calma y el pueblo, pobrecito él educado para ser tonto, puede que ya no se acuerde de tal (des)honra cuando sea que Gotye saque el próximo disco. El problema de Gotye fue firmar un contrato así de bondadoso con la familia Bonfá antes de saber que sería gracias a Somebody… que se haría multimillonario. Es más, si hubiera sido tan tonto de plagiar el sample sin pagar las correspondientes regalías, no hubiera interpretado la canción original en directo para luego enlazarla con “STIUTK“.

Gotye (Andrés para los seguidores de este blog) puede ser legal hasta extremos insospechados, pero tonto no es. Partamos de la base también que un sample no es plagio a la brava si al usarse, como con cualquier otra obra ajena, se reconocen las fuentes…

Álbum interior del CD de Gotye - Making Mirrors con los créditos correspondientes.
Fuente: Gotye Portugal en Twitter.

Sería una falacia defender a Parker o a Gotye, y a tantos otros que utilizan samples hoy en día, si dijera que todo está inventado (pues no, aún espero que se invente el paraguas plegable que se mantenga intacto durante más de cinco usos), pero sí que es verdad que, para mí, existe un mínimo de requisitos de investigación, desarrollo e innovación (muy así a lo Ministerial de Españistán) para justificar el uso de un sample. Es evidente que los dos compositores y productores anteriores, así como muchos otros, dedican gran parte de su tiempo a investigar en el uso de la tecnología musical actual para sus producciones propias y que, por tanto, rara sería la vez que utilizaran un sample ajeno sin antes haber analizado y valorado los pros y contras de usarlo en uno de sus temas y, por consiguiente, decidirse a pagar, si realmente vale la pena, por él. Es más, los compositores “independientes/alternativos” no suelen utilizar samples conocidos, sino que se dedican a hurgar en composiciones oscuras o tradicionales, por las que no tienen que pagar regalías. Además, no los usarían de origen, sino que les harían las modificaciones necesarias para adaptarlos a su nueva producción/composición.

No obstante, el caso de Coldplay y su “Every Teardrop Is A Waterfall, que bebe de “Ritmo de la Noche“, como también el de Future Islands, que triunfó el año pasado con “Seasons Change, que sospechosamente recuerda en su inicio al himno “Born Slippy .NUXX de Underground; o el de “Hung Upde Madonna utilizando Gimme! Gimme! (A Man After Midnight)” de Abba (y muchísimos otros que seguro que a ti, lector, te vienen a la cabeza), son otra historia. El uso de estos samples, a mi ver, tiene una clara visión comercial. Es decir, se ven claramente justificados por el afán de triunfar sin demasiado esfuerzo entre los oyentes. Si el oído está familiarizado con algo, es muchísimo más probable que un nuevo tema que recicle un sonido familiar haga que ese nuevo tema le entre muchísimo más fácilmente, casi sin esfuerzo. Del usuario del sample depende, sin embargo, utilizarlo de modo innovador y creativo, componiendo una canción de calidad que justifique la inspiración prestada (y si hace falta, pagada).

Es innegable que en todos los casos hasta ahora, a pesar del uso de samples (conocidos o no), existe una clara intención innovadora, creativa, que llega incluso a romper moldes. Es por ello que compositoras como FKA Twigs no dejan de sorprenderme, pues aunque reciclen sonidos utilizados por ella misma en temas anteriores, como es en el caso de su EP M3LL155X (“Melissa” para los amigos), Tahlia Barnett es de lejos una de las artistas más rompedoras del momento.

Otro tema parecido, aunque sin tener una materialización concreta en un sample, es el de las influencias. Hoy en día, cualquier programa de escucha en línea te ofrece una lista de “artistas parecidos” al que estás escuchando. Parecido, que no igual, cosa que es de gran ayuda para descubrir artistas que puede que no hubieras podido conocer de otro modo. Gracias a ello, escuchando a Δ (alt-J) descubrí a Everything Everything, por ejemplo. No es de extrañar tampoco que los artistas tengan influencias unos de otros. Esto ha pasado desde el principio de los tiempos. “Primero fue el verbo y el verbo era…” Vete a saber quién era el verbo… Influencias, que no imitaciones. Las influencias son también loables siempre y cuando estén justificadas y no resulten en “una clara copia de”, pues estamos ya aburridos de que salgan imitaciones de boy bands que duran dos telediarios. Como dice Glen Hansard en esta entrevista (05:12 – 05:45), está claro que él bebe de Van Morrison, Bruce Springsteen y Bob Dylan, pero al hacerlo encuentra también su propia voz, y de eso se trata.

Así pues, para mí, aunque utilicen llámalo samples, llámalo influencias, tienen mucho más valor artístico los compositores innovadores y creativos que no aquellos que, a pesar de publicar nuevos trabajos, no puedan dejar de autoplagiarse repetirse álbum tras álbum, como es el caso de Rolling Stones, Bon Jovi y, hasta cierto punto, Red Hot Chili Peppers. Todos ellos tuvieron su momento pero no han logrado mostrar un desarrollo/evolución coherente y congruente con los tiempos sino que, al contrario, o se han estancado o, en el peor de los casos, han mostrado una involución. Los salvan, en el mejor de los casos, sus directos, pues el carrerón que llevan a sus espaldas hacen que ese terreno lo dominen a la perfección, y un directo es la gran prueba de fuego de cualquier artista.

No obstante lo dicho hasta ahora, lo establecido, lo conocido, lo común, vende. Las influencias, venden. Los plagios (o no) de samples, venden. La sencillez y la repetición hasta la saciedad, gusta y, por ende, vende. Y también me aburre. Tanto, que el hecho de que las radio mainstream no cesan de poner hasta la saciedad es precisamente la razón por la que dejé de escuchar la radio comercial a diario hace años y solo me la pongo una vez al mes para estar al tanto de lo que “me he perdido” del panorama musical comercial actual. Como alternativa, Mar(ibel) sigue revistas especializadas por internet, escucha radio no comercial por Internet, se dedica a explorar por Soundcloud o Spotify según le pica y se deja recomendar. Aunque, evidentemente, esto conlleva su tiempo, pues no todo lo nuevo e innovador es bueno. Nope. También he tragado montones de principios temas de grupos horrendos o que, desafortunadamente, escapan mi entendimiento o gusto. Pero a esto a Maribel y a muchos otros les da igual porque les gusta aprender y estar al día de lo que las grandes mentes creativas, aunque no comerciales, tienen que ofrecerle de innovador al mundo. Pues con la innovación, se crea desarrollo, y con el desarrollo, investigación.

OneRepublic – Native World Tour (o “más vale tarde que nunca”)

Feia anys i panys que els seguidors de OneRepublic esperaven que vinguessin a Barcelona. Van venir fa la tira a fer un show privat, pero eso no cuenta. Da que pensar que un grup amb tres discos d’un ressò important faci nombroses actuacions a la resta d’Europa, especialment a Alemanya, on vaig estar a punt d’anar a veure’ls fa uns anys, i ni tan sols passi per Espanya ni Portugal ni una sola vegada. I és que OneRepublic fan tard. I per què? Doncs perquè costa d’entendre que tenint una discografia amb tres àlbums de singles que tothom coneix – encara que no sàpiguen que són d’ells – no siguin capaços de vendre prou entrades com per tocar a casa del germà gran del Sant Jordi Club, com sí que van poder fer last year els Imagine Dragons. OneRepublic arriben tard en el sentit comercial i estil·lístic: van fer-se “famosos” a Espanya en plena crisi, quan la gent estava per tot menys per anar a concerts, i van perdre el tren que ja havien agafat Coldplay i que ara han agafat els Imagine Dragons. Pero nunca es tarde si la dicha es buena, i com a mínim ahir els vam tenir i gaudir aquí, a casa.

Ya sé que está mal que lo diga yo, pero esto es una fotaca.
Ya sé que está mal que lo diga yo, pero esto es una fotaca.

Saltant a la fama en aquellos tiempos en que te encontrabas a Timbaland hasta en la sopa (como Pitbull hace un par de años y ahora Pharrell Williams, vaya), OneRepublic han tingut cançons que han sonat i sonat a la ràdio, cançons amigables i, sobretot, sinceres. Definits com un grup de pop-rock – y ahora añado yo la guinda, amb aires de pop cristià, com Switchfoot-, no destaquen precisament per la guapura ni pel sex(ism)e en les seves lletres ni en els seus vídeos, sinó que venen el que venen: música. Una música que a vegades recorda a U2, a vegades a Coldplay, a vegades a Imagine Dragons i, evidentment, a ells. Melodies que s’han fet un lloc en la discoteca dels fans que es van reunir ahir al Sant Jordi Club per gaudir d’un concert fantàstic i que no va escatimar en recursos, tenint en compte el recinte on es feia, i que va tenir moments en què, novament, recordaven a U2 (el micròfon balancejant-se del sostre), a Coldplay (momento acústico todos en la punta de la pasarela y con Ryan al piano), i a Imagine Dragons (els tambors del final i el bombo ocasional).

Amb por anticipada per crítiques antigues sobre la veu de Ryan Tedder en viu, he de dir que ahir va estar excepcional. No haremos ningún comentario sobre su nuevo look “voy-medio-pelado-para-parecer-el-macarra-que-nunca-fui-ni-seré“, però sí que destacaré la confiança sobre l’escenari, l’entrega al públic y el chorro de voz, que hicieron que le perdonemos un pequeño slip al piano que muy pocos notamos.

Ryan Tedder de modenno
Ryan Tedder de modenno.

OneRepublic són dolços (el moment ‘Something I Need’ en què Ryan va agafar la videocàmera per gravar el públic assenyalant-los mentre cantava ‘And if we only die once, (hey) / I wanna die with you (you, you, you)’. Són esos yernos que cualquier suegra querría en su casa, ese yerno detallista que escoge imágenes de la ciudad donde toca y escoge la bandera adecuada (están muy bien asesorados, ¡ehem!). Són també personalitzadors (is that even a word?), com quan Zach Philkins va agrair el seu mestre de guitarra, present entre el públic, tot el que li havia ensenyat, i com quan tant ell com en Ryan (amb menys èxit), es van marcar unes paraules en català i castellà. Tenen frescor, elegància, bon estar, mai histriònics… Lo dicho, el grupo de yernos ideal.

Si alguna cosa negativa he de dir, és que de tant ‘anar per feina’, resulten un pèl freds entre ells i amb el públic a excepció del cantant i del guitarrista. Potser pel cansament de verse cada día (son los últimos coletazos del tour), potser simplement perquè són així sobre l’escenari. Independentment d’això, el públic va gaudir, cantar, corejar i ballar sense parar totes i cada una de les cançons que van desgranar ahir a la nit. N’hauria de destacar moltes (gairebé totes), però em quedo amb ‘Can’t Stop‘ (a fave of mine, amb llums oscil·lants) i, sens dubte, ‘Love Runs Out‘, que no és de les meves preferides en àlbum, però que ahir va sonar más disco que nunca, per la qual cosa el Sant Jordi Club es va convertir en un club nocturn apte per a menors amb un ambient d’allò més cool.

Diuen que “más vale tarde que nunca”, i així ha estat per als OneRepublic a Espanya; però, si us plau, la pròxima vegada, no trigueu tant. Ja us estem esperant.

Teloners: KONGOSempezaron muy bien, pero se fueron deshinchando.

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