Primavera Sound 2016 – Dia 1

Havent vist Suede ja al Cruïlla el 2013, l’objectiu no era anar als concerts gratuïts al fòrum sinó veure Empress Of a Primavera als Clubs i així evitar l’encavallament d’aquesta amb Daughter el dijous. Daughter són un ‘must’ per a mi, però també em feia gràcia la que l’any passat va debutar amb un àlbum innovador, trencador a la vegada que irregular, de synthpop/electrònica experimental titulat Me. Què dir d’ella? Doncs bé, que el directe dóna raó de ser al títol de l’àlbum. Van sortir ella i dos acompanyants (un bateria i pads/sintes diversos) per anar cadascú a la seva bola i, per tant, l’atenció va quedar centrada en ella, que es va presentar com ‘I’m Empress Of’ per quatre cançons més endavant agrair la presència del públic i tornar a repetir ‘I’m Empress Of’ i afegir ‘and this is my band’. Si bé la resposta del públic va ser positiva a partir del tercer tema, allà cadascú campava a la seva, amb una Lorely Rodriguez (Empress Of),  de Nova York amb origen espanyol i hondureny, vestida amb faldilla vaporosa rosa pastel, jaqueta groga i vermella i samarreta ampla negra que ballava per al públic sense, aparentment, cap coreografia estudiada mentre s’ho manegava, a vegades amb corredisses per activar els seus pads. Mentrestant, l’altre als sintetitzadors de tant en tant se la menjava i el bateria ben poques vegades va aixecar els ulls de terra. Això sí, la tia modula la veu com poques i reprodueix els efectes de la gravació al natural com poques, però en el seu estil, li falta el carisma i treball conceptual artístic impecable de la seva probable inspiració actual a 1a divisió: FKA Twigs.

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Després d’un parell de temes de Jessy Lanza per poder dir “sé de quin pal va en directe”, cap a casa hi falta gent. Abans d’Empress Of també vaig estar a gran part de la sessió DJ de Daniel Gon, que va a tocar per a quatre arreplegats i va tenir moments prou bons (deixant de banda el remix enervant de Chvrches).

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Betty Belle y Miss Caffeina en una sala de serie B

Tras haber descubierto que estaban también en el cartel del Let’s Festival la banda Miss Caffeina (a cuyo álbum Detroit me enganché al instante por lo que tiene de poppy en contraste con sus trabajos anteriores), hice doblete y adquirí también la entrada para esa segunda sesión en la Sala Salamandra 2, cuya acústica parece un complot arquitectónico para herir de muerte hasta a Jean-Michel Jarre. Nunca mais.

Les hacían de teloneros a Miss Caffeina los catalanes Betty Belle, cuya música definen ellos mismos como “mapping musical que explora las texturas cálidas de la voz a través de sonoridades emitidas por máquinas e instrumentos.(…) La pasión del alma transmitida con la precisión de un artefacto”. Interesante… o no.

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Terror acústico aparte, es absolutamente cierto que el mundo es un pañuelo y que más vale siempre quedar bien que mal, que nunca sabes cuándo te vas a topar con quién y bla bla bla. Y es que, tras cinco minutos observando al miembro masculino del dúo, caí en la cuenta de que se trataba de Otger García aka Utgi, antiguo compañero mío de universidad. Catorce años han llovido ya. Utgi era (¿es?) un chico singular, de formación musical clásica que tocaba el órgano en una iglesia de Barna, que un buen día me hizo una mixtape en un de gusto exquisito y a quien el Requiem de Fauré le fascinaba porque es “un requiem feliz”. Cabría pensar que ese gusto exquisito sería también la marca de la casa de Betty Belle. Sería de esperar. Y aquí espero, in aeternum. Betty Belle ofreció al público unos 10 temas de su producción propia, inspirada también en temas iconos como, entre otros, “Mamy Blue” de Pop Tops cuya adaptación hubiera triunfado si no fuera porque los graves de la distorsión vocal añadida fueron tales (sumados al despropósito acústico de la sala de calibre temerario) que despertó un “¿Pero qué es esto?” de una de las asistentes. Y no fui yo. Palabra.

La interacción con el público, impasible hasta el tercer tema, no cuajó demasiado durante los tres primeros cuartos, debido probablemente a la disposición de la mesa de trabajo del dúo, en horizontal con el público, creando así una barrera más allá de lo físico. A esto, cabe añadirle el hecho de que en ocasiones, además de las risillas y  bromas internas entre el dúo de las que el público estaba excluido, los componentes estaban más pendientes de la única pantalla de ordenador central que de lo que realmente estaba pasando en la pista. Los momentos wtf culminarían con una distorsión suprema de “All That She Wants” de Ace of Base (con unas cuantas risas y otro “¿Qué es esto?”) y un Shaker con bailarinas ataviadas, como en el vídeo del mismo tema, a lo Jane Fonda que, junto a Tutu, la voz femenina del dúo, abandonaron el escenario para encontrarse con poca pista y menos baile. #intertextualidadpelínrandom

Betty Belle no suenan mal en álbum, tienen su punto cheesy-freak con estilo elegante y una respetable muestra del abanico melómano de los componentes del grupo. No obstante, les faltó ese punto de azúcar que hace que una simple cuajada se convierta en postre digno, ni que sea, de una Salamandra 2.

Y llegó el momento de Miss Caffeina, con la sala ya llena hasta arriba. El volumen del bajo de Antonio Poza y la guitarra de Sergio Sastre,  con una altura igual a la de los altocúmulos del espacio sideral (si es que los hay), deslució gran parte del tiempo los vocales de Alberto Jiménez. Ataviado con pantalones de vestir gris, zapatos de charol y calcetines rojos, Alberto tuvo que lidiar con problemas con los micrófonos durante los tres primeros temas y acoplamientos en los tres siguientes, eso sí, con aplomo y aguante. Los pads de Nacho, nuevo batería del grupo, tampoco corrieron mejor suerte. Atrocidades acústicas aparte, Miss Caffeina tuvieron una buena actuación en que repasaron tanto temas del álbum que presentaban como los antiguos. Abrieron el concierto con “Venimos” (wink wink), un tema de su segundo álbum, a la que siguió la epónima con el tercer álbum “Detroit“. Sin embargo, si fuera por el público, era difícil distinguir qué tema era más antiguo que el otro, pues todos los temas fueron coreados con precisión milimétrica, gracias a esos malditos adelantos que invaden las redes y matan cualquier atisbo de sorpresa en ocasiones. Hito digno de destacar, no obstante, si tenemos en cuenta que Detroit, ese “álbum-viaje al pasado, presente y futuro”, no lleva ni un mes en el mercado.

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Siempre es de agradecer que en un concierto te contextualicen las canciones, y así fue en este caso gracias a las palabras de Alberto, quien a pesar de su amnesia ocasional que le hace decir alguna que otra frase sin sentido (“tengo pérdidas de memoria porque hace un año que no venimos” (?!)). Se trata de una amnesia que se manifiesta también abiertamiente en vídeos como este (01:04). Sea como sea, Alberto Jiménez tuvo el detalle de contarnos el por qué de Detroit, la ausencia de límites creativos impuestos y los atrevimientos de mezclas de estilo incluso hasta con reggaeton, que confesó que no baila ni en la intimidad (sí, claro…). Nunca es fácil presentar tampoco temas en versiones deluxe, pero así fue en el caso de Barcelona, donde se atrevieron con “Pasajero“.

Uno de los momentos más destacables de la noche fue precisamente el estreno en el territorio de la composición de Álvaro Navarro (guitarra) con su “Ácido“. Y es que ¿quién no desea a estas alturas del año que llegue ya ese “verano del amor” con su “sol flipante para todos”, estación en que “vas a enseñarme un paso o dos”?

Tras un amago de final con “Lobos“, llegarían los bises con “Hielo T“, “Oh! Sana“, canción en que defienden que la religión nunca decida por nosotros y, cómo no, el colofón con la más comercialMira cómo vuelo” en que el recurso recurrente (¡toma aliteración!) de “toco las palmas para animar el cotarro” hizo la última aparición de la noche y dejó al público con ganas de más, excepto para los que aprovecharon para seguir la noche en la Salamandra 2. ¿El tema para despedirse emocionalmente de los Miss Caffeina y dar entrada a la noche de baile cortesía del DJ de la Salamandra 2? “La revolución sexual” de La casa azul, en que “el verano del amor” también hace una aparición. * sigh *

Galería de imágenes.

 

Super Bock Super Rock, festivalazo en Lisboa (día 2)

Tras un muy bien aprovechado día 1, la segunda jornada del Super Bock Super Rock se presentaba igual de prometedora, pues a última hora de la noche, vería de nuevo a mis queridísimos Blur. Pero antes, tocaba seguir las recomendaciones de mi amigo Mané aka tengustosdistintos, que con un mensaje de voz que sí, logré entender perfectamente a pesar (?!) de su acento granaíno [sic.], me indicaba los must see del día.

El poeta, cantante y compositor londinense Benjamin Clementine ofreció un show emotivo, acompañado de piano, contrabajo, guitarra y percusión. No lo conocía, pero me encantó. Sólo hace falta leer su descripción inicial en Santa Wikipedia para hacerse una idea de lo imperdible que es. Gracias again, Mané, por la recomendación.

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Benjamin Clementine, poesía recitada y melodía al piano.

Tras una actuación de las que tocan la fibra, pasé a ver a White Haus, una propuesta interesante del DJ portugués instrumentada para la ocasión aunque no para plena luz del día. Con quién sí disfrutaría sería de Kindness. Bueno, no, de Kindness no, de todos los miembros de Kindness menos de Adam Bainbridge aka Kindness. Si tiene que haber un frontman que pase más desapercibido que el resto de su formación en vivo, este es él. Esto no significa, no obstante, que su show no sea un festival (¡ejem!). Ritmos pegadizos, despliegue de instrumentos, bailes funky coreografiados que involucraban a todos los miembros de la banda, percusiones, participación del público que terminó en el escenario… Lo dicho, un festival, pero no de la mano de Bainbridge, que resultó extremadamente blandengue.

El de la derecha representa que es el frontman. Representa.
El de la derecha representa que es el frontman. Representa.

Todo lo que no tiene de carisma Adam Bainbridge se lo llevó al nacer la líder de SavagesJehnny Beth. Tengo que admitir que no soy mucho de rock ni de punk, aunque allí estuviera viéndolas. Savages se han ganado una muy buena reputación y a falta de nada más interesante en esa franja horaria (y para conservar el buen sitio para Bombay Bicycle Club), allí me quedé a verlas. Su música no me agrada en absoluto, pero su concierto fue memorable, y entiendo que gusten. Mucho. Todas las componentes vestidas de negro, y su show sobrio, de luces blancas, rojas y azules que dejaban ver lo justo y necesario fueron suficientes para vender lo que tienen, su música.

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Jehnny Beth de Savages, subida descalza a las barras de separación.

El espectáculo de Bombay Bicycle Club sería otra historia, con muchísimo buen rollo, luz y color y melodías desenfadadas. Mezcla de Foster The People con Two Door Cinema Club y un poco de Vampire Weekend con tintes de Foals, su paso por la historia de la música no será de los más memorables, como tampoco lo serán sus conciertos, en que no sabes bien bien en qué estilo o rollo enmarcarlo, pero para pasar un buen rato en un festi, pues no están mal.

Bombay Bicycle Club
Luz y color para Bombay Bicycle Club.

Tras dormirme en trozos de la actuación de dEUS (sí, again, una aguanta lo que aguanta), llegó EL MOMENTO: BLUUUUUUUUUUUUUUUUUR. Tras quitarme la espinita de verlos en el Primavera Sound del 2013, pude confirmar que Blur son mucho Blur. Presentando su último trabajo, The Magic Whip, que a diferencia del trabajo de Noel Gallagher, sí que recibió una respuesta más que positiva del público, no hubo ni un solo momento de bajón en la 1h30 más 30′ de regalo de la mano del enfant terrible Damon Albarn & co acompañados de coros y sección de viento, a lo grande. No nos tuvieron 5h, pero las 2 horas de concierto se pasaron en un abrir y cerrar de ojos, con Blur haciendo crowdsurfing como unas tres veces. Como siempre, cerraron su actuación con “The Universal“, pero no sin antes hacernos gritar y saltar con los grandes temazos (“Song 2“, “Beetlebum” (disonancias de clímax, oh my!), “Boys & Girls“, “Coffee & TV“, “Parklife“) que acumulan a sus espaldas tras un carrerón que empezaron en los 90. Larga vida a Blur.

Blur
Los incombustibles Blur.

Y como he dicho antes, más de lo bueno y mejor estaba aún por llegar…

Noche de happenings en Sónar de noche

Este sábado noche tuve mi primera cita con el Sónar. Hace dos años, a puntito estuve de ir, pero con unos solapamientos que me dolían en el alma (Bat For Lashes con KraftwerkMajor Lazer con Two Door Cinema Club), me cogió una pataleta de las mías y me negué a pagar lo mismo para ver la mitad. Algo similar me pasó esta noche de sábado. Aunque me planteé no ir, terminé yendo, a pesar de que los solapamientos de este año también me dolían en el alma. Organización, ¿¡a quién se le ocurre programar a casi la misma hora los dos platos fuertes del sábado – FKA Twigs y Duran Duran más los otros dos postres consistentes – The Chemical Brothers y Flying Lotus!?

Últimamente estoy que me salgo, ya me lo dicen, pero un día me van a canear. Lo veo, lo veo. Supongo que es lo que pasa cuando ves que no tienes por qué aguantar ciertas cosas. Así pues, mi primer contacto con el Sónar fue precisamente a través de un encontronazo con unos asistentes al mismo que me tocaban lo que no suena en el ferrocarril. Esos especímenes se repetirían entre el público ya en el recinto, con excepciones, claro está. Si bien mi amiga Ana dice que el Primavera está lleno de modernos y por eso el Cruïlla – más alternativo – mola más, desde aquí te digo, Ana, que prefiero 10 veces más el público hipsteriano del Primavera que el que va pasado de vueltas del Sónar. Y es que ya en los ferrocarriles un grupo de cuatro personas que ya iban de subidón, por decirlo fino, perdieron la noción del espacio interpersonal. Yo, con mis cascos puestos, les metí una de esas miradas de que, si mataran, ya estarían fundidos. Al salir, a pesar de llevar los auriculares, oí que uno de ellos decía, “Mírala, la cara de amargada que lleva”  (cualquier cosa menos amargada, ¡válgame Flo!), por lo que me giré, me quité los cascos y le espeté: “Que lleve los cascos puestos no significa que no oiga, y que sepas que tú y yo vamos al mismo sitio; la diferencia es que yo voy bien”. Le llego a añadir el #punintended y ya lo bordo.

En fin, ya en la Fira, me dispuse a ocupar primera fila para mi queridísima FKA Twigs, no sin antes tener que tragar escuchar un tal DJ Cascales (dónde vas con ese nombre), cuyo público ocasional pasaba de él como de comer chinchetas. Entre el público, no obstante, conocí a un chico que no hacía daño a la vista, bebedor de agua embotellada (condemorrrr), ingeniero de caminos, con tapones para los oídos como los míos (puntazo), y con la misma cara de tedio que yo con el Cascales (ahí, ahí). David me acompañaría durante el concierto de FKA Twigs y comentaría la jugada conmigo.

FKA Twigs

Qué decir de Tahliah Debrett Barnett que no haya dicho ya… Pues autocitándome (porque yo lo valgo), que estuvo “twiggy” en toqueteos y vestuario, y “biggie” en voz, baile y actuación, cosa que es de agradecer. Con sus movimientos aparentemente erráticos aunque profundamente estudiados y requetepracticados, y ataviada con un top y pantalones blancos de transparencias, Tahliah elevó la temperatura del escenario y más allá. Añádele unas sandalias monísimas con unos taconazos de vértigo y ya tienes el conjunto completo para una actuación que no podía parar de imaginar que se estaba produciendo en una de esas salas del Centre Pompidou que tanto me gustan. FKA Twigs es la musa del pop / R&B / electrónica del futuro. Sus ingredientes: simplicidad escénica (sus tres músicos, científicos de los teclados, sintetizadores y percusión), efectismo lumínico que la convirtió momentáneamente en espectro a la vez que ángel caído y voz juguetona a la vez que sensual. No hace falta decir nada más. FKA Twigs es más que una cantante, más que una bailarina, más que una realizadora y directora de vídeos musicales: es una cabeza pensante de la creación artística global que no tiene reparo en rozar los límites establecidos (?!) en el panorama experimental actual.

De Duran Duran enganché las últimas tres canciones: (“Reach Up for the ) Sunrise”, “Planet Earth” y “Rio” – la última, que ni me viene ni me va. Suerte que ya los vi en el 2011. Por lo que pude ver, el público, con una media de edad superior al de FKA Twigs, estuvo entregado y disfrutó de la actuación de los iconos de la new wave, que aunque ya están maduros, ya se sabe que la experiencia es un grado y Simon sigue siendo Bon, Simon LeBon (04:24).

Duran Duran

Tras otra sesión de DJ, esta vez con Erol Alkan, que no estuvo mal pero tampoco para tirar cohetes, fallo técnico incluido, llegó el otro gran momentazo de la noche con The Chemical Brothers (Flying Lotus, otra vez será). Actuación impresionante, motivadora, transmisora de sensaciones, una rave en toda regla de la mano de Ed SimonsTom Rowlands. Rave que terminaría afectando en demasía a algunos de los asistentes, by the way. Pero no nos vamos a hacer mala sangre, Maria del Mar. Aunque las imágenes de fondo no mataran, el espectáculo lumínico fue de lo más, sin olvidar para nada la interacción con el público, cosa que es de admirar. Muy buena actuación, Bros.

The Chemical BrothersThe Chemical Brothers

Y ahora, con vuestro permiso, os dejo, que me voy a la zapatería a hacerme con un par de taconazos a lo Tahliah.

– Galería de imágenes

Primavera Sound 2014 – Días 1 y 2

Celebrate the fest!

Ya lo dice el refrán, hasta el cuarenta de mayo… Y mal me pese, este fue el denominador común de mi paso fugaz por el Primavera de este año. Tras un empacho en mi estreno como festivalera el año pasado, en que el cartel estaba repleto de no solo grandes sino también conocidos nombres de la esfera musical alternativa y no tanto, este año mi dosis de Primavera fue más selectiva y, en algunos casos, desgraciadamente, determinada a la fuerza por las inclemencias del tiempo.

No hay asistente al PS que se precie sin un llámale Excel, llámale tabla con una perfecta sincronización de esas bandas que, tras haber hecho los deberes dos meses antes y haber escuchado al menos sus “greatest hits” (sea lo que sea que eso signifique en la escena indie), uno se propone ver. Porque sí, para qué mentir: antes del PS14, yo no tenía pajolera idea de quién son Oso Leone, Germán y La Alegría del Barrio o Connan Mockasin, por decir unos pocos. Pero, ya se sabe, del dicho al hecho, hay un trecho, y a menos que seas un guiri de vacaciones por la Ciudad Condal (como el 40% de los asistentes) o te hayas pedido un par de días de fiesta en el trabajo, la vida no solo sigue igual fuera del Fórum Barcelona sino que el despertador suena a la misma hora el viernes y, para muchos (incluida la menda lerenda), también el sábado. Así pues, mi generosa lista de artistas, especialmente para el jueves, se vio compensada con solo algunos conciertos el resto de días.

Preparada mentalmente para ir a ver Temples, Stromae, Sky Ferreira y Holy Ghost! (a quien ya había visto en otra ocasión), mis ganas se vieron interrumpidas por un gran diluvio universal que hizo que 1) perdiera la entrada de camino al Fórum con el lío de la lluvia y 2) protagonizara el gran resbalazo a lo soy personaje de dibujos animados y piso una piel de plátano. Con tal caos, llegué al Fórum para los últimos 20 segundos de “Papaoutai” de Stromae. Ante la imposibilidad de poder juzgar su concierto, me limitaré a citar los comentarios de los asistentes (muchos de ellos fans devotos, pues ante tal lluvia, hubiera tenido muchísimo valor aguantar tal chaparrón): “épico”, “conciertazo”, “qué pasada”, “qué rápido se me ha pasado”… Así pues, Stromae, te tengo pendiente.

Stromae
Qué bien estuvo. O eso dicen.

Tras los belgas, llegó el turno de la californiana (y ahora morena) Sky Ferreira. Lo confieso: me fui a la quinta canción. Empezó con mal pie (no encontraba el momento de empezar a cantar la primera canción; al tercer intento, lo consiguió), siguió con mal pie (paró a los músicos dos veces más porque no los oía dejando las canciones sin terminar y pasando a la siguiente) y aunque mi yo positivo quiera pensar que terminó bien (y que Sky solo tendría solo un mal día y que no iba un poco puesta), sus ánimos encima del escenario, sus gafas de sol a plena luz de… la luna y la lluvia que volvió a aparecer, hizo que mi yo trabajador dijera “Mª del Mar, desfila para casa, que mañana te espera un día largo y no estás para aguantar conciertos fiasco”.

El lluvioso sky no se lo puso fácil, ni ella se dejó ayudar.
El lluvioso sky no se lo puso fácil, ni ella se dejó ayudar.

El GRAN día del Primavera, en muchos sentidos (el día de Arcade Fire, cabeza de cartel, además de ser el día con más huecos llenos en mi tabla de must-see). Muy a mi pesar, me perdí Wind Atlas, así que empecé mi jornada con mis estimadas Warpaint. Aunque era uno de los conciertos que más ganas tenía de ver, y estuvo no bien, sino impecable, me costó conectar con ellas. ¿Sería la distancia que me separaba del escenario, donde mucho de los asistentes se dedican a ir a su rollo (entended lo que queráis con eso)? ¿Sería que todavía era de día y sus melodías combinan mejor con una atmósfera más tenue e íntima? Fuera lo que fuera, y a pesar de esta aparente frialdad, Warpaint no defraudaron y demostraron que aunque les cueste arrancar una sonrisa, se lo pasan en grande haciendo lo suyo.

Qué bien estuvieron, las guerreras de la pintura.
Qué bien estuvieron, las guerreras de la pintura.

Tras Warpaint, llegó el gran subidón de la noche. Y no, no me refiero a Arcade Fire, sino a Future Islands. Salieron a por faena: “Guys, let’s start, we only have 45 minutes to play”. 45 minutos que parecieron 20 pero que satisficieron como si hubieran sido 90. Desde un primer momento, Samuel T. Herrings, el cantante, supo que tenía al público en el bolsillo al oírlo cantar a pleno pulmón no el estribillo sino ya las primeras líneas de “Back In The Tall Grass”, con que arrancó su actuación. Evidentemente, Future Islands no es solo Samuel, pero éste se comió el escenario con sus bailes a lo orangután que se ha escapado del zoo, sus ánimos (con alguna que otra palabra grosera) hacia el público y su contacto visual directo con los fans. Tanto me gustaron que, por poco que pueda, volveré a verlos este próximo mes de octubre también en Bcn.

Samuel T. Herrings se puso el público en el bolsillo desde el minuto 1.
Samuel T. Herrings se puso el público en el bolsillo desde el minuto 1.

La que no mostró ni un 30% de la energía de Samuel fue Lauren de Chvrches. Lo siento, Lauren, me aburres. Vista una actuación tuya, vistas todas. Ni el entusiasmo de tus compis te salvan, por mucha calidad vocal y elegancia que tengas y tu aspecto frágil de nuera que quisiera toda suegra. Craso error cometió Lauren al recordar al público con más o menos estas palabras: “Are you mental? The Queens of the Stone Age are playing right now and you are here?!”. Dicho y hecho, abandoné mi primera fila y me dirigí hacia el escenario Sony para asegurarme un buen sitio para Arcade Fire mientras que, gracias a la sugerencia de Lauren, escuchaba y veía a través de dos pantallones a QOTSA.

Lauren de Chvrches, con leche en las venas
Lauren de Chvrches, con leche en las venas.

Y llegó la hora de los canadienses cabeza de cartel: Arcade Fire. Dos horas de concierto lleno de luces disco psicodélicas, mucho (¿demasiado?) plateado, una numerosa banda de percusión y cuerda, cabezudos de fiesta mayor (que aparentemente son ya habituales en sus shows), vestuario loco y un gran repaso de su discografía con altibajos de ritmo y algún que otro problemilla técnico. La sonrisa y acercamiento de Régine Chassagne compensó la ligera frialdad de su marido, Win Butler, pero simpatías aparte, AF estuvo a la altura de lo que representaban en este festival: los cabeza de cartel más esperados y seguramente con mayor número de asistentes.

Estuvieron bien, pero se me hicieron más largos que un día sin pan. Whatever that means.
Estuvieron bien, pero se me hicieron más largos que un día sin pan. Whatever that means.

Tras las dos horas de (empacho de) Arcade Fire, subidón de electrónica y efectos luminosos de la mano de Disclosure, que no se limitaron a darle a los botones de sus pads y a lanzar melodías pregrabadas, sino que tocaron en vivo y en directo, que es de lo que se trata. Por razones presupuestarias obvias, no podían traerse a todos sus colaboradores, pero les salió resultón que salieran sus vídeos con sus voces sincronizadas en la gran proyección del escenario Heineken. Me quedaron pendiente los berlineses Moderat, pero es que no nací con el don de la ubicuidad, aunque sí llegué a oír a un par de asistentes calificar su actuación de “That was magic” mientras me dirigía a ver a Metronomy.

Programados un pelín tarde para los que tenemos que trabajar.
Programados un pelín tarde para los que tenemos que trabajar.

Ni don de la ubicuidad, ni resistencia festivalera/fiestera. Mi intención (que no falte) era ver a Metronomy de principio a fin, pero aun habiendo conseguido un buen asiento en las gradas gracias a abandonar el concierto de Disclosure antes de su fin (no se puede tener todo), el cansancio y los humos un tanto extraños que se multiplicaban a mi alrededor hicieron que solo aguantara las tres primeras canciones de este grupo sólido, elegante y maduro, que nos volvieron con su vestuario y sus canciones a los 70. Así pues, helada y derrotada, viendo cómo la peña aguantaba y aguantaba el tipo delante del escenario del Ray-Ban, desfilé para casa, que una ya tiene una edad.

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Artículo publicado también en Vértice musical.